jueves, 25 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Malcocinado

 





                                    San José de Malcocinado



Junio, 25 jueves.

 

 

Me las andaba por la Sierra Norte de Sevilla. Supe que, camino adelante, llegaba a Malcocinado. La geografía dice que ya es Extremadura; al sur, Sierra Morena. La carretera tiene buen piso. Tramos de dehesa; alterna con tierras desbrozadas o de monte de cacería. El paisaje de los que uno recuerda durante mucho tiempo. 

            En la distancia se vislumbra, entre brumas de la tarde las estribaciones más septentrionales, “Qué bien los nombres ponía, / quien le puso Sierra Morena a esta Serranía” y en medio, blanco y estirado, sobre un altozano de colores ocres y amarillos, Azuaga.

En un periódico digital he leído que Malcocinado es un municipio de la provincia de Badajoz. El nombre es un poco ‘raro’. El periodista que firma el artículo, Alejandro de Santiago, da dos posibles explicaciones para aclarar un término un tanto raro

En el diccionario histórico de la lengua, afirma, el término aparece vinculado al mundo rural como el lugar de la dehesa donde se depositaban los restos de reses muertas o los despojos de animales sacrificados.

La leyenda popular, agrega, ofrece otra lectura. Según la tradición oral, en una de las calles del pueblo existía una posada frecuentada por viajantes a la que acudía con frecuencia un hombre llamado Marcos Cinado. Con el tiempo, la pronunciación coloquial del nombre, unida al acento de la zona, habría derivado fonéticamente hasta transformarse en «Malcocinado».

 

En otra ocasión hurgaba por la Sierra de Cádiz, camino de Vejer. Hay que andar caminos, todos los caminos posibles. Un indicador indica por dónde se va a San José de Malcocinado… Aquí el paisaje es distinto. Recibe los vientos del Estrecho. Una alfombra verde crece por campiñas onduladas, riberas de alisos y fresnos, vegetación de lugares donde no falta el agua  o debajo de quejigo, encinas y alcornoques, sobre todo, estos árboles que necesitan de mucha humedad y dan una corteza generosa, el corcho. Luego, los hombres le sacan mucho, muchísimo partido.

 

En las zonas libre de arbolado, dehesas y más dehesas. En algunas crecen toros bravos; en otras, ganado retinto. Dan una carne de excelente calidad.

 

El toro bravo vilipendiado por una parte de la sociedad es la esencia de una cultura ancestral en muchos pueblos de la Península Ibérica y del sur de Francia. Dicen que es el heredero del toro mítico que crecía en la isla de Creta y luego se extendió por todo el Mediterráneo.

 

Aquí cuando camino entre paisajes bellísimos los veo que pastan, tranquilamente, en prados del edén, perdidos donde Cristo dio las tres voces y solo la oyeron quienes tenían que hacerlo o algún despistado que transita por los caminos y busca los lugares a los que no va casi nadie.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario