El Pilar; el Ebro. Zaragoza
Junio,
2 martes
No
madrugué tanto como Cela en el mítico Viajes a la Alcarria. Tampoco me tropecé, como él, con los gatos
cimarrones en las verjas del Retiro, ni con los barrenderos de las calles, ni
con los camiones de riego que las baldeaban. Ni con los necesitados que, esos,
sí, esos desgraciadamente, siguen hurgando en los cubos de basura. No
No
me tropecé el chiquillo pelirrojo - ya se habrá hecho un hombre y a lo mejor
conduce unos de esos enormes camiones que me veo obligado a adelantar en la
autopista – del firme y esas cosas, para otro día – “hoy no toca”.
Hacía
rato que ya no era la del alba, pero sí, uno iba henchido de gozo. El castillo
de Torija parece un castillo de ensueño. Después de subir la cuesta que cierra
las cuencas del Tajuña y el Henares, está allí, como de sopetón. El viajero se
ilusiona. Recuerda otros viajes. Un poco más adelante a la izquierda, Hita, la
del Arcipreste y el Libro del Buen Amor. “A pan de quince días fambre de
tres semanas”.
En
Trijueque dicen que tienen el Mirador de la Alcarria. Es verdad. Me vienen al
recuerdo: Brihuega, Cifuentes, Pastrana… En la Inviernas el paisaje, idílico
campos de trigos de ciclo corto y amapolas. Ponen una nota efímera de belleza.
En
Alcolea del Pinar, recuerdo a un hombre, hoy olivado en la Historia de España,
el Teniente General Gutiérrez Mellado… Lo que no alcanzaron sus enemigos lo
consiguió la carretera. Son las primeras estribaciones de la Ibérica. Un poco
más adelante, en Estera, que queda a la derecha, nace el Jalón que va al Ebro;
a la izquierda el Dulce, el Tajuña, el Henares. Estos, para no ser menos,
tributan al Duero y al Tajo.
Medinaceli
no se ve desde la Carretera. Es preciso reponer combustible en la gasolinera
para el coche; en Nico, para… Es obligatorio, el chorizo y el torrezno. No te
olvides que ya estás en Soria y ahí, se las pinta solos.
Ya
no pasa la carretera por las puertas de Santa María de Huerta, Calatayud y La
Almunia de Doña Godina. Se pierde en belleza. No se atraviesan las hoces del
Jalón mientras caracoleaba con el tren: el AVE, por un lado; la autopista, por
otro. Se impone la prisa y la seguridad. Y, además, elimina los puertos.
Entre
la bruma aparece Zaragoza. Dicen que eso lo origina un viento, el bochorno. Sube,
por el Valle del Ebro, desde el Mediterráneo… Las torres del Pilar emergen en
la lejanía. Zaragoza tiene muchas cosas dobles: dos apariciones de la Virgen,
el Pilar y la del Portillo; dos ríos en su casco urbano: el Huerva y el Ebro; dos
estadios de fútbol el Ibercaja y la Romareda, dos vientos: el cierzo y el
bochorno; en la gastronomía un dédalo de tugurios para el buen comer: el Tubo
y… volver.
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