viernes, 31 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El amable vecino de enfrente
Chefchauen
Julio,
31 viernes
Cuanto
estaba permitido, las carreteras españolas exhibían paneles
publicitarios en sus orillas. Algunos, vulgares; otros con su chispa de gracia.
Recuerdo uno, entre Aranda de Duero y Burgos: "Papá, ven en tren”. Kilómetros más adelantes: “Con Iberia ya
habría llegado…”
Otro,
en un panel grande combinaba figuras de tuaregs del desierto sobre camellos,
paisaje nevado del Atlas y algunos edificios emblemáticos de Marrakech. Era una
preciosidad. Con grandes letras fácilmente legibles: “El amable vecino de
enfrente”. La verdad, el cartel entraba por los ojos.
He
estado dos veces en Marruecos. La primera, a final de los años ochenta del
siglo pasado. Entramos por Melilla. Continuamos: Nador, Oujda, Taza, Fez, Mekne,s
Marrakech, – en el hotel Es Saadi, desconozco si aún existe, pedí un refresco
de limón. En mi mente era una fanta. La sorpresa vino con un jarrito de
zumo de limón, agua fresca y azúcar para que hiciese la proporción adecuada… -,
Safi, Casablanca, Rabat, Larache, Ceuta. Doce días inigualables. ¿Experiencia?
En Fez, en pleno ramadán, tarde tórrida. Compramos una sandía, con la Ciudad
Santa delante. Le ofrecimos al guía acompañante una tajada. Cortésmente, la
rechazó.
- No
es posible. Es el ramadán.
Otra.
Salíamos de Marrakech. Mi amigo conducía; yo, de copiloto. Un mapa sobre las
piernas. Me comenta que nos sigue un coche y que, a pesar de darle paso, no nos
adelanta. Me dice que le ha hecho señas con las luces.
-
Prevente, sin que las mujeres se den cuenta de nada. Tomo una cesta que
teníamos con viandas sobre mis piernas. Discretamente, introduzco la mano en la
cesta. Cojo un cuchillo sin que se vea mi mano. Se echa a la cuneta, baja el
cristal de la ventanilla. El coche se pone a nuestro par…
- Se
han equivocado. En Marrakech han preguntado por Safi. Tendrían que haber tomado
a la izquierda y han cogido la carretera de la derecha. Dense la vuelta. Van
mal. Sentí una profundísima vergüenza. Podían más los prejuicios que la solidaridad
humana.
La
segunda vez. En la mediación de este primer cuarto de siglo XXI. Entramos por
Ceuta. Seguimos por Tánger, Asilah, Chefchauen – una de las ciudades más
bonitas que he visto del Atlas – Tetuán y otra vez, Ceuta. La experiencia
totalmente, contraria. Nos engañaron dos veces. Convenimos unos precios; luego,
quería otros.
Nuestro
amable vecino de enfrente hoy la ha liado. Y bien liada. Se ven que la
condición humana es como el día y la noche. Cuando hay luz y relación positiva
tiene que venir la oscuridad que todo lo estropea. Ustedes al igual que yo a
estas horas están empachados de opiniones. Vecino, es; que está enfrente,
también. Con el sofocón de hoy ¿Amable?
jueves, 30 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. A Dios por la oración y la penitencia. Eremitorio de San Vicente
Julio, 30 jueves
Los eremitas surgieron en Oriente, originariamente en Egipto y Siria. Almas ansiosas de Dios buscaron en las cuevas del desierto, en el sacrificio y en la oración el alcance de sus ideales dentro de la dureza del ascetismo.
Muchos vivieron en la soledad de la oquedad de una roca o ellos mismos la horadaron para vivir en su interior; otros, en cambio, posteriormente, vivieron en comunidad y participaron, en algunos actos con el resto de hermanos que ansiaban un mismo fin.
El movimiento
asceta en España también tuvo sus seguidores. Cervera de Pisuerga, en la ladera
sur de la Montaña Palentina, en el entronque de los ríos Pisuerga y Ribera,
camino de Vado, en un prado rodeado de montañas hay uno que floreció allá por
el siglo III, Está excavado en la roca. Se le conoce como eremitorio de San
Vicente.
En la Plaza Mayor, pregunto. Me indican la dirección. Echo camino adelante – está a las afueras – rectifico la marcha y vuelvo sobre mis pasos. De nuevo pregunto. Está mal indicado, me dicen, pero siga adelante. Lo encontrará antes de llegar al río.
Pertenece al
conjunto de eremitorios enclavados en la Montaña Palentina, al sur de la
cordillera Cantábrica. El lugar, precioso. Un nogal centenario permite el paso
bajo su copa, si se aparta un poco la valla… porque el sitio está cercado.
Tiene una sala a modo de rectángulo. Se accede por vanos toscos que rompen la roca. Una capilla excavada a sol naciente se aparta del resto mediante un escalón que le da el protagonismo que reclama. Parece que, en sus inicios, pudo tener un ábside de mampostería, hoy totalmente, desaparecido.
La ermita está
rodeada por una necrópolis de los siglos VIII y IX. Una veintena de tumbas
excavadas en la roca con singularidad antropomórfica y donde claramente se
observan los huecos para los hombros. En la actualidad pueden observarse con
nitidez una decena.
En la antigüedad no se descarta que hubiese en el lugar, del que pudieron formar parte la ermita y la necrópolis, un pequeño monasterio amparado en otros edificios de los que hoy no queda nada.
San Vicente, una vez desaparecida la comunidad monacal, pervivió hasta mediados del siglo XIX en que se abandona definitivamente. La roca, el prado con yerba verde, las montañas lejanas…. Ahí oteando vientos y tiempos para gozo de los que hurgamos en nuestra España, sin ir más lejos.
Fte.
- Esteban Saínz Vidal. El eremitismo en alto Ebro y alto Pisuerga. La iglesia monástica rupestre de San Vicente. Fundación Santa María la Real. Centro de Estudios del Románico.
- Fotos:
- Andrés García Suárez / Luisa Bernal
- Diputación de Palencia
miércoles, 29 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Entre el Cielo y la Historia
Paisaje otoñal en La Pernía
Julio, 29 miércoles
La Pernía es una comarca en la Montaña
Palentina. Al norte limita con el Puerto de Piedrasluengas; al este, con las
Sierra de Corisa, de Híjar, Peña Labra y Valdeolea; al sur, con Cervera de
Pisuerga y al oeste con el Parque Natural de Fuentes Carrionas.
Tiene monte, paisajes, un río de norte
a sur, el Pisuerga recién nacido con pajarillos que cantan en sus choperas una
mañana de verano; lobos y osos ocultos en la impenetrabilidad de las laderas,
más grandes cuanto más cercanas, y una leyenda que cambió el nombre del pueblo.
No hay gente en estos pueblos. Su ‘capital’, San Salvador de Cantamuda (108
hab.).
El rollo jurisdiccional, en la plaza
del pueblo, recuerda otro tiempo; un puente medieval. Su joya, una iglesia románica, la Colegiata de
San Salvador. Más de mil años reflejados en la piedra sobreviven al paso del
tiempo. Dicen que la espadaña de su campanario es la más bella del románico
español…
Todo comenzó, dice la leyenda una noche
fría de invierno. El conde Munio vive en el castillo de Peña Tremaya. Duda de
la fidelidad de doña Elvira, su mujer. Carga en una mula coja sus enseres, y le
da por compaña una criada muda. Espera que se despeñen y mueran. Llegan a San
Salvador y la muda ‘canta”. Cambia de nombre. Toma el de San Salvador de
Cantamuda.
Dice la historia en dos documentos: 1037
y 1069 conservados en la catedral de León que la condesa Doña Elvira otorgó una
cuantiosa donación e incluye el monasterio. Después colegiata con abad y
canónigos…Su construcción, poco a poco a través de los años.
Interior de San Salvador de Cantamuda.
El interior, de una armonía portentosa, sobrecogedora. La nave se cubre con bóveda de cañón, propia del románico puro; el ábside central con bóveda de horno reforzado; capiteles con bueyes, caballos y una serpiente. El altar mayor, excepcional… El templo, para más realce, en un prado…
San Salvador de Cantamuda
martes, 28 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra de osos y lobos
Valle de la Liébana. Ladera norte del Puerto de Piedrasluengas.
Julio, 28 martes
Tenía
ganas de volver por aquellas tierras. Quería saludar a las montañas, esas de
las que vemos sus nombres escritos en los mapas. Quería reencontrarme con el
Carrión y el Pisuerga recién nacidos y con otros ríos menores. Con árboles
impresionantes, con cumbres que arañan, en la lejanía, el cielo.
Vaca de raza parda palentina
Pastan
vacas de raza parda palentina y caballos bretones en los prados.
A casi todos los circundan pastores eléctricos. Es tierra de osos y lobos. Los
prados, en las laderas de los montes. La hierba segada preparada para cuando
lleguen los días duros del invierno. La gente está en sus cosas. Esta España
despoblada, de pueblos minúsculos, algunos con escudos nobiliarios en sus
fachadas, orillan la carretera. Ven
pasar los coches…
San Cebrián de Mudá, intenta aclimatar el bisonte europeo. No hubo suerte. No había nadie. La oficina, cerrada. Un grupo de chavales jugaban bajo un nogal en las horas de la siesta. Habían llegado esa mañana para pasar unos días en la montaña…
En
el Parque Natural de las Fuentes Carrionas nace el río Carrión. Aguas abajo, en
Dueñas, las entregará, como tributo al Pisuerga.
Oquedad
por la que aflora el río Pisuerga
Carretera
adelante, el pantano de Requejada, tiene el agua azul de cielo, remansada, en
este caso, del Pisuerga. Antes de llegar, a Areños, el río todavía, aprendiz de
todo, tras pasar por Tremaya (15 hab.) y
Santa María de Redondo (43 hab.), lleva a Fuente del Cobre. Dicen que, por la
oquedad, aflora, pero viene de las laderas del Pico Valdecebollas…
Camasobres (Montaña Palentina)
Camasobres (12 hab.) y Piedrasluengas (7 hab.) que da nombre al puerto, uno de los lugares más bellos que uno puede encontrase por los caminos; a la derecha, Piedra Labra, ese que pintábamos de marrón en el mapa y la cumbre, blanca. El la lejanía los Picos de Europa recortan el cielo y el Pico Tres mares, dice que sus aguas van al Cantábrico, al Mediterráneo y al Atlántico.
¿Delante?
La Liébana y el verdor tupido de endrinos, tejos, hayas, robles…
Peña Labra
domingo, 19 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Higuera
Julio, 19 domingo.
Me acuerdo de los versos de Manuel Machado: “Quema el sol, el aire abrasa”. Mañana de mes de julio. El cielo, con calima del desierto. No está limpio. Acuden los tordos, en bandadas, a la higuera en la busca de la fruta madura.
La higuera llegó al Mediterráneo desde la parte más occidental de Asia. Es un árbol de hoja caduca y de mediana altura, de madera blanca y blanda, que da brevas e higos y algunas, las dos cosechas. A esas se les llama bíferas. Las brevas vienen por san Juan de junio, los higos cuando ya está bien entrado el verano. Tiene la corteza de color grisáceo El refranero no la trata muy bien: “la leña de higuera, que la corte mi hijo y la queme mi nuera”.
Es un árbol que aparece en el Evangelio y maldecida por Jesús. Es uno de los pasajes que inducen a confusión, porque la maldición le viene porque no tiene fruto…
Aparece en la obra de numerosos autores. José Antonio Muñoz Rojas en Las cosas del campo dice: “Ahí tenéis a la higuera. Las ramas que peló el invierno, caen graciosamente curvadas de los troncos cenizosos (…)”
Miguel Hernández, en una de las elegías más bellas escritas en nuestra lengua y en la que llora la muerte de su amigo Ramón Sitgé, escribe: “Volverás a mi huerto y a mi higuera / por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera”.
En otra elegia, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, el torero de la Generación del 27, Federico García Lorca, llora con todo su dolor de amigo: “No te conoce el toro ni la higuera, / ni caballos ni hormigas de tu casa. / No te conoce tu recuerdo mudo / porque te has muerto para siempre”.
Otro poeta del campo, Antonio García Barbeito, aunque en este caso lo hace en prosa, en De lo cercano habla de la higuera: “Podíamos cruzar el campo de parte a parte, todo el término un gran territorio, y podíamos ir de un pozo a un cercado, de una huerta a unas higueras, de un olivar a una era, sin que nada, acaso una linde alta, acaso una valla alambrada, pero de fácil paso, acaso un portillo sin más llaves que un par vueltas de alambre, se nos impusiera”.
Sentado a su sombra, sueño y dejo que pase el tiempo…
sábado, 18 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Abandono rural
Julio,
18 sábado
El
telediario muestra imágenes pavorosas; los periódicos digitales – los otros, lo
de papel prácticamente han desaparecido – se renuevan con una periodicidad
asombrosa y dan noticias de cómo se dominan algunos fuegos y aparece otros.
Las
últimas noticias dicen que han ardido o arden tierras de la Axarquía malagueña,
del Este de Almería, de las Cinco Villas en Aragón, de lugares de Navarra y de
otros de Castilla-La Mancha, en Guadalajara. Pronto van a ser sustituidos por
otros. ¿Dónde? Donde menos se piense.
Dan
explicaciones sobre sus posibles causas. Ustedes también tienen las suyas. Casi
todos coinciden en una: abandono rural. El campo se ha quedado, como otros
lugares, sin nadie. La radio decía que han desaparecido de nuestro suelo más de
veinte mil pastores. Es decir, la posible población de un pueblo que apunta de
medio para arriba.
La
poca rentabilidad, las malas condiciones de vida, la dureza del trabajo, la
dependencia de factores externos: lluvias, carencia de cosecha o que no vengan
otros productos de otros países que gozan de permisividad y mientras tanto, a
los autóctonos de les cruje con ‘plagas’ burocráticas y de las otras.
Hay
más. Una a todo eso la falta de prestaciones – he estado casi medio mes yendo y
viniendo, por causas familiares a Tolox, desde Álora, dos veces al día. En una
distancia de treinta kilómetros. Carreteras sobre caminos de herradura. Aproximadamente,
se invierte casi un hora, se interrumpe la comunicación de teléfono y si tienes
la ‘suerte’ de encontrarte por un camión por delante…¡Ni les cuento!
No
hay mejor suerte si se va a Antequera, desde el eje del Guadalhorce. La hora de
viaje no te la quita ni Dios (Bueno, Dios está para otras cosas, disculpen que
lo implique aquí). Por cierto, han comenzado las obras para prolongar en 4 km.
de autovía, ¡aleluya!, para acercar Málaga, dicen, a Ronda…
Alguien
debería ver cómo están las cunetas. Yerbas secas, plásticos y basuras. (Esto no
lo produce la tierra). Lo cierto es que el campo, por una u otra cosa, está
abandonado y España arde.
jueves, 16 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Acinipo
Acinipo. Ronda (Málaga)
Julio, 16 jueves.
Mañana de verano. Madrugo para evitar las horas del mediodía.
Me echo a andar ‘por la rosa de los
vientos’.
Si al salir de Ronda, como yo, después de pasar por la
Indiana, sigues de frente, te lleva por la izquierda, a Montejaque y Benaoján. Hoy
las descarto; por la derecha, a las ruinas romanas de Acinipo.
“Se ubican - dice la guía de la que me sirvo - en una
gran meseta caliza de origen terciario, con una altitud media de
He andado por allí varias veces. Me permito abrirte un
abanico por si te es de utilidad. Si es por primavera, el campo, vestido y en
flor; si por verano, como hoy, el estío hace amarillear el pasto; si es otoño,
tonalidades de oros viejos y, si por invierno, el viento y el helor te corta la
cara.
Las ruinas se mantienen en pie. Sostienen el paso del
tiempo y de los hombres. Entiende que te encuentras en lugares que estuvieron
poblados desde el Neolítico. Por Acinipo - eran y son fértiles sus tierras - pasaba
una vía que unía puntos de tanta importancia como el Valle del Guadalquivir y
la costa gaditana. El hombre, además, ayer como hoy, compraba mármoles y
piedras de construcción, hierro y arcillas para la alfarería e iba de un lugar
a otro...
Si te sientas en la escalinata, medita en la precisión
del dato - ¿por qué
De Ronda – ‘la de los toreros machos’ pregonaba
Villalón – se ha escrito mucho; de Acinipo, menos, y a mi entender quizá poco. Ronda,
más sevillana que malagueña es la capital de la Serranía; Acinipo, tartésica y
romana. acuñó monedas con granos de uva… Parece que le va a llegar un momento
de rescatar parte de aquel esplendor. Nunca es tarde...
miércoles, 15 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Salve, Estrella de los Mares
El Purgatorio. Siglo XVIII. Parroquia de Santa María
de la Mesa. Sahara de la Sierra (Cádiz)
Miércoles, 15 de julio
Doña Concha, doña Concha Piquer, dicen, mecía – porque una cosa es cantar y otra mecer – la copla como no lo había hecho nadie. Algunas, se le han acercado, pero solo eso, de cerca.
Doña Concha cantata eso de A la Virgen cirio y a la mar maera. Hablaba de La Lirio y del Café de la Bizcocha, en Cádiz. Estamos en otro tiempo. De aquello no queda nada. Del fulgor del verano, sí. De las tres celebraciones de la Virgen - Carmen, Asunción y Natividad- la marinera abre puerta en el calendario.
Salve, estrella de los mares… Este año, como tantos, habrá gente en el rebalaje con los pies en la arena de la orilla y un suspiro en la garganta esperando a la jábega que la trae desde mar adentro a tierra entre cohetes, vítores y cantos…
Entrañable, Paco Rengel, no estarás como aquella tarde -¿cuánto tiempo ha pasado desde entonces? - El tiempo pasa, pero no borra. No quiero ni puedo hacerlo cuando el mar llegue, al compás de las olas, a la playa de El Palo. Tú habías pregonado a la Virgen, a la festividad, a la gente que la vive unos días antes. Hombres de la mar con su fe a cuestas. Hombres duros, de cara arrugada y alma curtida. Saben de olas y arreboles que anuncian cambio de tiempo, de tempestad y mar brava, y que sacan, a manera de copo, lo que dan las profundidades.
Esta gente de la mar conoce las noches cuando arrecia el levante, y de olas que rompen en proa o en popa y de cuando el poniente siembra el azul de pañolitos blancos. Saben de estrellas lejanas perdidas en la oscuridad impenetrable.
Ellos se adelantan a los pronósticos y con solo mirar la mar saben lo que puede pasar dentro de un rato cuando se haga realidad el cambio de tiempo, y entonces, precisamente entonces, nunca les falta ese asidero que se llama Virgen del Carmen.
En casa de mi abuela había un cuadro que me sobrecogía cuando yo era niño. La Virgen del Carmen sacaba a las almas del purgatorio ofreciéndoles desde su mano extendida un escapulario; en la otra, un Niño Jesús, contemplaba la escena donde las llamas nunca se apagaban….
En la parroquia
de Santa María de la Mesa, en Zahara de Sierra, hay un cuadro con la misma
temática. Tiene una variante, entre los penitos que arden en el purgatorio hay
un personaje revestido de cardenal… ¡Qué cosas, verdad! Salve, estrella de los mares…
martes, 14 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Libros
Julio,
14 martes.
Le atribuyen a Shopenhauer (por cierto, aún no
he aprendido a escribir correctamente su nombre): «Comprar libros sería algo
bueno si también pudiéramos comprar el tiempo para leerlos».
Nos quejamos, reiteradamente, de la falta del
tiempo. Es verdad. Me he preguntado muchas veces si no es no mejor poco y bien
aprovechado, que mucho por donde las basuras se imponen inexorablemente.
Soy un convulsivo comprador de libros. Tengo
una máxima, si llego a la página 30 y no me ha enganchado, lo dejo. Me va a
hacer perder un tiempo precioso y no voy a sacar ningún provecho. Es más, si
comienza a rodar de un lugar a otro de la mesa o, de silla en silla, o de aquí
te dejo y me olvido de él, tampoco tiene ningún sentido ser recalcitrante.
Ahora, observo en muchas librerías (no voy a
hacer la relación, pero en Málaga todo el mundo sabe a las que me refiero) la
proliferación de autores con apellidos extranjeros. Obviamente, son
desconocidos, no por su calidad literaria que si la desconozco no puedo
juzgarla. Creo que es una moda donde parece que lo de fuera es mejor.
Han desaparecido los autores españoles de las
estanterías. No están de moda. ¿Alguien se ha tropezado últimamente con Juan
Ramón, con Alberti, los Machado, Pérez Lozano, o Pío Baroja…? ¿Alguien ve obras
de Cervantes, Quevedo, Pereda, San Juan de la Cruz, Bécquer, Galdós o Rosalía?
Eso, por citar a algunos. En Tarazona, en una
ocasión, busqué si tenían las Cartas desde mi celda… La nada por
respuesta. Cuando le dije a la ultima señorita que me atendía que se habían
escrito muy cerca de allí, en Veruela, me miró con asombro. Me cupo la duda, si
conocía incluso, la existencia de Bécquer.
Algo parecido me ocurrió en Moguer. Ninguna
librería tenía nada de Juan Ramón. En un momento determinado se me ocurrió
decirle: es que ustedes están en el mapa por los hermanos Pinzón y por Juan
Ramón. Créanme que me miró casi perdonándome la vida… y me dijo algo que me
hundió: “Es que nadie lo lee”. ¡Ay, pena, penita, pena! De aquellos polvos
estos lodos…
Es verdad que somos presas fáciles de la prisa.
Tenemos muchas cosas a las que atender y para las que no siempre disponemos del
tiempo necesario. Queda a un lado lo verdaderamente interesante.
Además, hay un factor añadido, el espacio.
Vivimos en pisos reducidos. A Andrés Trapiello le leí en una ocasión: “no
entran más libros hasta que no salgan; uno que entra, otro que sale”. El
problema viene cuando tienes que decidir de cuál te desprendes… ¡Ay, Dios mío!
lunes, 13 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Oh, bosques y espesuras...
Julio,
13 lunes.
Gonzalo
de Yepes, en Toledo, era un hombre con posibles. Emparentado con la nobleza
vieja como otros españoles de aquel tiempo. En su final pudo estar arruinado.
Tuvo un hijo de igual nombre y un nieto que también se llamó Gonzalo. En la familia
aparecen médicos y comerciantes, profesiones, en aquel tiempo. cercana a los judíos
o judeo-conversos.
El
menor de los Yepes tras la muerte de su padre aparece viviendo en Toledo. Lo
acoge un tío canónigo de la Catedral. Se
desconoce su nombre. Posteriormente, “agente comercial” de la familia. Acude,
cada año, a la feria más importante de España, entonces, la de Medina del Campo.
Durante
el trayecto que se hacía, en caravana con otros ‘enviados para el mercadeo’ o a
caballo…, la noche la pasaba en Fontiveros, en casa de una viuda de la que tampoco
sabemos su nombre
Regentaba
una pequeña tejeduría de sedas y “buratos”, paños finos de esos que usaban las
damas con chales y que a decir de Covarrubias “tan transparentes que descubren
lo que cubren”.
Con
ella trabajaba una muchacha, Catalina Álvarez, probablemente, nacida en Toledo.
De ella dicen que era “joven, doncella, hermosa, de porte distinguido, y buena”,
pero pobre, huérfana pobre.
Gonzalo
de Yepes se enamora de ella. La familia se opone. Los clérigos de la familia tienen acceso a la
documentación. Toledo en aquel tiempo tiene poco más de cincuenta mil
habitantes. Hoy sería un pueblo grande. Todos se conocen. Saben de sus vidas…A
pesar de la situación, Gonzalo de Yepes y Catalina contraen matrimonio. La
familia, cristiana vieja, lo cesa en todos sus cargos comerciales y de
representación.
El
joven galán de padre arruinado (no le dejó nada en herencia a muerte) se casa en
1529 con una joven que podría tener una ‘mancha”… Ser judeo-conversa. Eso, en Toledo,
les traía al pairo. Casi todos lo eran, pero y ¿si era morisca? Eso podría
suponer la “gran deshonra de la familia”.
En
1530 nace el primer hijo, Francisco. Contó la boda de sus padres que se “habían
casado por amor como se casan los pobres”. Establecidos en la Moraña (“tierra
de moros”) nace, su segundo hijo: Luis. Murió unos años después, ya no vivía su
padre, de hambre. Como suena y Juan… posiblemente en 1540. Pasado el tiempo ese
niño sería el más grande poeta (si tienen tiempo les animo a leerlo) de la
Literatura Española. Se conoce con el nombre de San Juan de la Cruz.