viernes, 31 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El amable vecino de enfrente

 




                      Chefchauen


Julio, 31 viernes

 

    Cuanto estaba permitido, las carreteras españolas exhibían paneles publicitarios en sus orillas. Algunos, vulgares; otros con su chispa de gracia. Recuerdo uno, entre Aranda de Duero y Burgos: "Papá, ven en tren”.  Kilómetros más adelantes: “Con Iberia ya habría llegado…”

    Otro, en un panel grande combinaba figuras de tuaregs del desierto sobre camellos, paisaje nevado del Atlas y algunos edificios emblemáticos de Marrakech. Era una preciosidad. Con grandes letras fácilmente legibles: “El amable vecino de enfrente”. La verdad, el cartel entraba por los ojos.

    He estado dos veces en Marruecos. La primera, a final de los años ochenta del siglo pasado. Entramos por Melilla. Continuamos: Nador, Oujda, Taza, Fez, Mekne,s Marrakech, – en el hotel Es Saadi, desconozco si aún existe, pedí un refresco de limón. En mi mente era una fanta. La sorpresa vino con un jarrito de zumo de limón, agua fresca y azúcar para que hiciese la proporción adecuada… -, Safi, Casablanca, Rabat, Larache, Ceuta. Doce días inigualables. ¿Experiencia? En Fez, en pleno ramadán, tarde tórrida. Compramos una sandía, con la Ciudad Santa delante. Le ofrecimos al guía acompañante una tajada. Cortésmente, la rechazó.

- No es posible. Es el ramadán.

    Otra. Salíamos de Marrakech. Mi amigo conducía; yo, de copiloto. Un mapa sobre las piernas. Me comenta que nos sigue un coche y que, a pesar de darle paso, no nos adelanta. Me dice que le ha hecho señas con las luces.

- Prevente, sin que las mujeres se den cuenta de nada. Tomo una cesta que teníamos con viandas sobre mis piernas. Discretamente, introduzco la mano en la cesta. Cojo un cuchillo sin que se vea mi mano. Se echa a la cuneta, baja el cristal de la ventanilla. El coche se pone a nuestro par…

- Se han equivocado. En Marrakech han preguntado por Safi. Tendrían que haber tomado a la izquierda y han cogido la carretera de la derecha. Dense la vuelta. Van mal. Sentí una profundísima vergüenza. Podían más los prejuicios que la solidaridad humana.

    La segunda vez. En la mediación de este primer cuarto de siglo XXI. Entramos por Ceuta. Seguimos por Tánger, Asilah, Chefchauen – una de las ciudades más bonitas que he visto del Atlas – Tetuán y otra vez, Ceuta. La experiencia totalmente, contraria. Nos engañaron dos veces. Convenimos unos precios; luego, quería otros.

    Nuestro amable vecino de enfrente hoy la ha liado. Y bien liada. Se ven que la condición humana es como el día y la noche. Cuando hay luz y relación positiva tiene que venir la oscuridad que todo lo estropea. Ustedes al igual que yo a estas horas están empachados de opiniones. Vecino, es; que está enfrente, también. Con el sofocón de hoy ¿Amable?

 

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