Julio, 5 domingo.
Dice la Biblia que
Dios se puso a trabajar. Bueno, Dios trabaja todos los días, pero en aquel
tiempo, lo hizo de otra manera. Al tercer día, el Señor formó grandes océanos y tierra
seca. Llamó a las aguas,
mar y a la tierra seca, tierra. Embelleció la tierra con flores, frutas,
plantas y árboles.
Y, entonces, en la
tierra seca plantó muchos árboles. A unos, les llamó olivos; a otros, encinas; a
otros, alcornoques… Les dará madera resistente, dijo, para que hagan arados para
el campo y bigas para sus casas o para cuando levanten templos en mi honor. Y les
darán bellotas, aceite y corcho. Las noches de invierno encenderán lumbres para
calentarse y hablarán, de sus cosas, y de las mías. Los viejos les contarán
cuentos a los niños y así podrán aprender cosas….
A los árboles que
colocó cerca de las aguas de los ríos, dijo que se llamarían árboles de ribera
y así nacieron los chopos, álamos negros y blancos, fresnos, mimbres, que no
eran propiamente árboles, pero con sus varetas harían canastas, cestos…
Y Dios, que estaba
en todo, dijo, como el hombre al que crearé el penúltimo día, tendrá algo que
los demás no tienen, o sea inteligencia porque será semejante a mí pues le
alumbraré para que de los prunos silvestres saque bruñuelos que le darán bruños
exquisitos.
Y los comerán
frescos, o sea directamente, cogidos con las brisas de la mañana, del árbol cuando
cada verano los árboles estén cargados de frutos y podrán, además, hacerlos
compota y mermeladas y deshidratados los comerán secos.
Y Dios no se quedó
ahí. No. Fue y dijo, van a injertar en las cepas de las vides diferentes
variedades de uvas y de ellas sacarán vino y cuando les mande a mi Hijo, les
enseñará que esa es su Sangre y que la beban en su recuerdo…
Y Dios se dijo –
pero eso se lo dijo para sí – y aún los alumbraré para que inventen el
teléfono. Un chisme por el que se podrán hablar amigos cuando estén lejos y se
cuenten sus cosas y se digan que tienen ganas de verse y que hace mucho calor y
que esta mañana hace una brisa excelente porque San Pedro, el que lleva las
llaves, se ha dejado las ventanas entreabiertas, y… ¡pues eso!
Y Dios le creó más
cosas, muchas más. Y se las puso para su disfrute y le dio algunos encargos,
pero como los hombres somos así ¡vino lo que vino! Pero, de eso, hablaremos
otro día!
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