Julio,
1 miércoles
La
fotografía ha dado la vuelta al mundo. No precisa palabras aclaratorias. Unos
ojos con miedo y asombro miran a lo lejos. Hablan por sí solos. Dan una lección
enorme. Lo dicen todo en el silencio del dolor y la tragedia.
Un
perro pregunta con ojos de miedo y mirada perdida por algo interior que le dice
que lo ocurrido fuera es algo muy grande; un niño pequeñito, muy pequeñito
duerme seguramente rendido por el dolor. Encima, unos cascotes de una vivienda
derrumbada por la magnitud del seismo…
Ha
ocurrido en Venezuela donde parece que todos los demonios se han desatado sobre
aquella tierra hermana del otro lado de la mar Océana. La del Orinoco y el
Arauca vibrador del que canta la copla. La que está sembrada de bosques, de
árboles bellísimos, de gente con un corazón enorme y de perros que muestran más
corazón, muchísimo más, que muchos seres humanos.
No
sé, exactamente, en que lugar ha ocurrido. Tampoco importa mucho. La nota dice
que los equipos de rescate, entre los escombros, encontraron un bebé dormido
bajo un perro protector. Probablemente sea el alma del perro quien ha dicho a
quien quiera entenderlo que el alma de algunos animales, a veces, supera a la
de muchos hombres.
Solo
hay que ver un poco lo que lleva padecido este país poblado por españoles de
América, hermanos de lengua, religión, cultura y bonhomía de los españoles de
Europa para saber que lanzan una llamada desgarradora. Piden ayuda. Ellos solos
no pueden.
Venezuela,
dicen los libros de economía, tiene una riqueza regalada por la naturaleza muy
superior a otros países. Tiene, también, una rehata de presuntos gobernantes que
es peor que el mayor de los venenos. Por si ellos, por sí solos, no se valían
para inventar terror, contaron con la colaboración de otras aguas mansas, esas
de la que dice el refrán que nos libre Dios.
Ahora el terremoto ha venido a hundirlos aún
más. Les ha dado, por si fuera poco, miseria, dolor, pena, tristeza y muerte.
Le ha dado también, una imagen que ha traspasado las fronteras. Un perro, un
animal -dicen que al principio se resistía a que unos hombres buenos y
generosos lo rescatasen-, cuando vio que salvaban al niño, el animal
condescendió…
Bendito
seas mi Señor por los hombres buenos que dan lo mejor de ellos mismos por los
demás y por los animales que muestran una imagen muy superior a la de algunos
hombres.
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