Julio, 30 jueves
Los eremitas surgieron en Oriente, originariamente en Egipto y Siria. Almas ansiosas de Dios buscaron en las cuevas del desierto, en el sacrificio y en la oración el alcance de sus ideales dentro de la dureza del ascetismo.
Muchos vivieron en la soledad de la oquedad de una roca o ellos mismos la horadaron para vivir en su interior; otros, en cambio, posteriormente, vivieron en comunidad y participaron, en algunos actos con el resto de hermanos que ansiaban un mismo fin.
El movimiento
asceta en España también tuvo sus seguidores. Cervera de Pisuerga, en la ladera
sur de la Montaña Palentina, en el entronque de los ríos Pisuerga y Ribera,
camino de Vado, en un prado rodeado de montañas hay uno que floreció allá por
el siglo III, Está excavado en la roca. Se le conoce como eremitorio de San
Vicente.
En la Plaza Mayor, pregunto. Me indican la dirección. Echo camino adelante – está a las afueras – rectifico la marcha y vuelvo sobre mis pasos. De nuevo pregunto. Está mal indicado, me dicen, pero siga adelante. Lo encontrará antes de llegar al río.
Pertenece al
conjunto de eremitorios enclavados en la Montaña Palentina, al sur de la
cordillera Cantábrica. El lugar, precioso. Un nogal centenario permite el paso
bajo su copa, si se aparta un poco la valla… porque el sitio está cercado.
Tiene una sala a modo de rectángulo. Se accede por vanos toscos que rompen la roca. Una capilla excavada a sol naciente se aparta del resto mediante un escalón que le da el protagonismo que reclama. Parece que, en sus inicios, pudo tener un ábside de mampostería, hoy totalmente, desaparecido.
La ermita está
rodeada por una necrópolis de los siglos VIII y IX. Una veintena de tumbas
excavadas en la roca con singularidad antropomórfica y donde claramente se
observan los huecos para los hombros. En la actualidad pueden observarse con
nitidez una decena.
En la antigüedad no se descarta que hubiese en el lugar, del que pudieron formar parte la ermita y la necrópolis, un pequeño monasterio amparado en otros edificios de los que hoy no queda nada.
San Vicente, una vez desaparecida la comunidad monacal, pervivió hasta mediados del siglo XIX en que se abandona definitivamente. La roca, el prado con yerba verde, las montañas lejanas…. Ahí oteando vientos y tiempos para gozo de los que hurgamos en nuestra España, sin ir más lejos.
Fte.
- Esteban Saínz Vidal. El eremitismo en alto Ebro y alto Pisuerga. La iglesia monástica rupestre de San Vicente. Fundación Santa María la Real. Centro de Estudios del Románico.
- Fotos:
- Andrés García Suárez / Luisa Bernal
- Diputación de Palencia
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