Julio, 12 domingo
Sus flores son pequeñitas, casi diminutas. Deja a
otras un mayor lucimiento. A veces pienso que pueden tener algo de humildad
franciscana. Siempre en la discreción de dar lo mejor, pero sin llamar,
excesivamente, la atención. Casi pidiendo perdón por el lugar que ocupan.
Los españoles de América conocen a la planta como ‘Maravilla
del Perú”; para nosotros, los españoles de Europa, Sampedros; los
genetistas, lo conocen por Dondiego de noche, según nos dijo don Remigio cuando
nos impartía clases de Ciencias Naturales, en 5º y explicó las Leyes de Mendel…
Gregorio Mendel fue un fraile agustino nacido en lo
que, después, fue Chequia. Estudio la genética y vino a decir, que los genes,
no se trasforman, sino que pasan, por herencia, de abuelos a nietos… Desarrolló
su tesis, amparado en semillas de guisantes.
Según decía don Remigio el dondiego es una planta idónea para
este tipo de experiencias.
Hace alusión a la noche porque en esas horas es
cuando la planta tiene más actividad y el polen de sus flores se relacionan
entre ellas de mejor manera transportado por insectos o por el viento.
Sus flores son de muchos colores: amarillas, moradas,
rojas, violetas, fucsias… Durante el día permanecen cerradas, al igual que los
jazmines que solo abren por las noches. Es cuando se muestran en todo su
esplendor.
La planta tiene un verdor intenso. Pueden alcanzar
hasta un metro de altura y aunque su tronco da un aspecto de fortaleza se
quiebra con mucha facilidad. Florece en los meses de verano y otoño, hasta el
punto que en los meses de invierno desaparece para volver a rebrotar cuando
llega el buen tiempo. Sus flores tienen forma de trompetas y en la misma planta
pueden aparecer de diferentes colores.
Necesita del sol para su desarrollo. Suele vivir en
baldíos y cerca del poblamiento humano. Los fríos no le sientan bien; su
orientación al este, la agradecen. Humildes, bellísimas… Bienvenido dondiego
que traes contigo las noches de verano y las tertulias familiares…
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