martes, 7 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jazmín de Virginia

 




Julio, 7 martes

 

La primera vez que supe de su nombre me embaucó. Me pareció tan bonito que me hice la promesa, a mí mismo, que un día vendría a ese lugar donde uno deja que vuelen solos los sueños por los espacios que quieran ellos.

La busqué. La encontré y vino a su sitio porque dicen que debe ponerse cerca de una celosía para que pueda enredarse. Yo la he dejado que crezca a su antojo y así entre los cuadrados de la valla metálica se asoma -porque es muy curiosa – para ver quién va por el camino y lleva a cabo su desarrollo propio.

Mi amigo Paco González, en cierta ocasión, me dijo que había dos variedades: una de invierno; otra, de verano. Yo le dije que tenía la de verano y entonces él, con la generosidad que le caracteriza, fue y me regaló la que florece en los meses de frío. Es tan bonita o más que su hermana, la que gusta de los calores.

Tiene flores en forma de trompeta, unas rojas; otras anaranjadas y como si ellas solas quisiera tocarle cada mañana a los ángeles cuando se despiertan y se levantan al alba y tienen que comenzar sus tareas.

Dios que está en todo va y les encarga el trabajo. Ellos, se sacuden las plumas de las alas y se vienen a nuestro lado. No nos percatemos, y ahí se las andan, y nos llevan, nos traen, nos insinúan y nosotros – tontos nosotros – nos creemos que eso es de nuestra cosecha. Ya ven, a los humanos se nos ocurren unas cosas… ¿Solos?, ni al revolver de la esquina. Y ellos, recuerdan que las trompetas mañaneras los despertaron. Siguieron el mandato de Jefe se bajaron al mundo para hacer su trabajo.

Estás plantas gustan de suelos no muy pobres; riegos moderados, un lugar para trepar, luz abundante. Y si hace mucho, pero que mucho frío, pues como que no. En Andalucía les llamamos también bignonias, pero a mí me gusta más llamarle Jazmín de Virginia…



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