Junio,
11 jueves
Dicen que
Dios se las andaba en la construcción del mundo. Llegó el momento de la Península
Ibérica y entonces, se las ideó para formar un terreno rodeado, por todas
partes menos por una, de mares de aguas azules y olas de nácar.
Y en
medio, una extensión de tierra. Por la parte de arriba colocó una cordillera,
que la separaba del resto del continente. En invierno, estaría cubierta de
nieve; en verano, las montañas estarían verdes y por mor del deshielo multitud
de arroyuelo bajarían de las cumbres para alimentar a los ríos.
En el
centro, una gran llanura. Como era muy grande, en medio una cordillera la partiría
en dos. En invierno, también, tendría nieve; en verano, senderos para que la
gente pudiese gozar de ella.
Colocó,
además, una sucesión de montes que
venían como sesgados desde el mar de arriba hasta la cercanía de las costas de
otro mar. Por en medio, una gran depresión por la que iba correr un gran río.
Abajo, al
Sur, que no sé porqué siempre, pensamos
que el Sur está abajo, un gran escalón lo separaba de la gran llanura del
centro; por en medio, otro gran río atravesaba otra depresión y una cordillera
con picos muy altos lo separaba del mar.
Alejadas
del territorio un espurreó un puñado de
islas a la derecha de la Península; y lejos, muy lejos, otras islas, como perdidas en un mar enorme que también
tendrá olas de nácar.
Entonces,
dicen, que un ángel que le acompañaba fue y le dijo:
- Señor,
¿no te parece que estás pasando?
- No, no.
Todavía le falta lo mejor
Y, entonces,
Dios le dijo al ángel, le voy a dar la gente, iguales entre sí pero, diferentes
con propiedades distintas para que puedan enriquecerse entre ellos y puedan dar
algo de ellos mismos a todos los demás que, a lo largo de los años, de muchos años, se van a encontrar por los
caminos.
El ángel
pensaba. Dios, cuando lo vio dubitativo, sintió un poco de remordimiento porque
lo venía envuelvo en una nube de zozobra y no entendía muy bien todo aquello y
fue le dijo:
Un día,
cuando pasen muchos años, le voy a enviar a mi representante en la tierra (porque
a ese planeta le van a llamar tierra…), será un hombre sencillo, con la cabeza
muy bien amueblada…
- ¿Qué?,
dijo, el ángel…
- Nada. Lo
vas a entender. Un hombre, que es de Dios, pero es humano. Escucha y regala
sencillez y les dirá cosas que los va a hacer pensar.
Les va hablar
de solidaridad, de construir en común, de unión entre ellos, de acoger a otros semejantes
que lo pasan mal… De tantas cosas buenas, que ellos van a decir: este hombre es
un enviado de Dios, que nos lo manda para hacernos pensar y recapacitar porque,
a veces, andamos un poquillo espesos…
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