Junio, 20 sábado
Cuando yo era joven
asistí en el cine Albéniz de Málaga a la proyección de una película excelente,
de esas que, a uno lo enganchan y lo hace amante del cine. Era 1966. Fred
Zinnemann dirigió “Un hombre para la eternidad”. Alcanzó seis premios de
la Academia y otros muchos de los que se entienden de menor importancia. La
película narraba la vida de un hombre, Tomás Moro, canciller de Inglaterra, con
una conducta fiel a sus principios. Le costó la vida.
Se enfrentó al rey
Enrique VIII que, ante la negativa del Papa, Clemente VII, de concederle la anulación del matrimonio con
Catalina de Aragón, decidió separarse de la iglesia de Roma. El cisma estaba en
bandeja. Se separó y creó su propia iglesia. Nacía la Iglesia Anglicana de la
que se erigía, además, Sumo Pontificie.
Tomás Moro, se
opone. No firma el acta donde el rey rompe con Roma. Lo encarcela en la Torre
de Londres y, tras un juicio amañado, fue condenado y ejecutado en 1535. Su negativa a reconocer al monarca como cabeza
suprema de la Iglesia de Inglaterra y su rechazo a convalidar el divorcio del
rey con Catalina de Aragón, le costó la vida.
Fue un hombre de una
cultura excepcional. Irónico, con gran humor. Lorenzo Orellana, publica: “Dame,
Señor, una buena digestión y naturalmente algo que digerir”. Experto en Leyes, Filosofía e Historia, entre
otras materias. Amigo personal de Erasmo de Roterdam, seguidor de san Agustín
de Hipona y reconocido por numerosas Universidades europeas.
Su gran obra la
Utopia, escrita en 1516, es algo irrealizable por lo que pretende implantar
en la sociedad de su tiempo. Él ya lo vio y propone la creación de una sociedad
imaginaria, que vive en una isla, también, irreal.
Es un modelo
sociopolítico y filosófico basado en la supresión de la propiedad privada y
del dinero. Defendía una sociedad igualitaria. El trabajo, bligatorio para
todos, la educación, universal, y donde reina la tolerancia religiosa y los
bienes se administran en beneficio colectivo.
La riqueza pertenece
a la comunidad. Al no existir la propiedad privada ni el dinero, se elimina la
ambición, la codicia y la desigualdad social. Los hombres según su teoría
vivirían en un mundo fantástico. No era un loco. Su vida estuvo llena de
coherencia y fue ejemplar en muchos aspectos. Se casó joven y al morir su
mujer, en menos de un mes se casó, de nuevo. Costumbre inusual en aquellos
tiempos.
Su nueva esposa,
viuda, llevaba una niña – él tenía dos y un niño -. Luego tuvo más hijas. A
todas les dio la misma educación que al varón. Algo insólito en aquellos tiempos.
La Iglesia Católica lo canonizó en 1937. Su fiesta, se celebra el 22 de junio.
San Juan Pablo II lo elevó a Patrono de políticos y hombres de Estado….
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