lunes, 8 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El hechizo de Dios

 



Junio, 8 lunes

          

Esta mañana, cuando llegué al campo, los primeros rayos del sol aparecían por detrás de la loma de Virote. Cantaban los pájaros, como solo lo hacen en estos días de finales de primavera, cuando los últimos volantones tardíos esperan en sus nidos el momento para echarse a volar…

Me vienen a la mente dos momentos de ayer tarde.  El Papa echa un capote a un joven emigrante que quiso hablar a pecho descubierto y claro, se le olvidó el texto - los nervios juegan, a veces, esas malas pasadas – y él, como una humidad sobrecogedora, va y le dice: “yo también tengo que leer porque se me olvidan las cosas”. Eso se llama ponerse en el lugar de alguien que acababa de pasarlo mal.

Aún resuenan en mis oídos – son días de sensaciones, tantas, tantas, que unas se sobreponen a las otras – las palabras de Antonio Banderas,  ese hombre al que Málaga no le agradecerá bastante, lo que hace por ella, y donde dijo que él  recordaba aquellos momentos, cuando niño, en que la mirada de su madre lo llevaba a la imagen de la Virgen de la Esperanza, las cofradías en la calle y la saeta y…

Iba a más, muchísimo más, dijo con la voz semiquebrada,  “Hoy estoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Diós”. Él había sentido el ‘hechizo de Dios”. Viniendo de quien viene eso deja a uno sin resuello. Este hombre, que tiene todo lo que el mundo puede dar, ante León XIV, agotó el número de adjetivos calificativos. Se acabaron los sinónimos. Solo quedaban palabras para decir, gracias Señor, porque has puesto en este mundo de zozobras y tanto oropel a hombres como Antonio. Coloca, como nadie, ese punto sobre una letra, que se llama ‘i” y que sin ese punto sería un palote suelto sin sentido.

No quedó ahí la cosa. Se entretuvo en citar a San Agustín. No usó la cita a la que muchos recurrimos para autoanalizarnos y proclamar nuestra limitación. “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. No, no. Usó otra.

Tocó la fibra de la fraternidad. Llamó a algo a lo que echamos mano, pero utilizamos poco. “Si decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores porque vosotros sois el tiempo”.

No sé. A mí, hubo un momento en que me dio la sensación de que el Papa, también estaba emocionado. Yo, desde luego, lo estaba y, obviamente, hoy no soy objetivo y me he permitido romper ese principio sagrado de la objetividad y me parece que, el auditorio de ayer tarde, también.  

 

 

 

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