El Papa León XIV por las calles de Madrid
Junio, 9 martes
Don
José Ortega y Gasset dijo que en España “lo que no hace el pueblo se queda por hacer”.
Don José nos conocía bien, muy bien. Él fue quien escribió un libro clave para
comprender todos los desaguisados que, ahora, nos atosigan, cuando siglo XXI
acaba de superar el primer cuarto. El libro se llamó España invertebrada.
Otro
español genial, don Antonio Machado definió Madrid como rompeolas de las
Españas. El pueblo de Madrid, o sea España, acaba de dar una lección de
civismo, de saber estar, de generosidad en la acogida a quien viene en una
visita oficial, pero que es algo más que la oficialidad de la vista, o sea,
recibe al Pastor. Nosotros lo llamamos Obispo de Roma o Papa.
Cuando
se publiquen los documentos de lo que nos ha dicho veremos la profundidad de
todo lo que nos ha dejado. Hacerle caso o no, es harina de otro costal. Vamos, como el molinero que sacaba la harina
que le convenía y del costal que él quería.
Mientras
tanto nos quedamos con el Pueblo – con mayúsculas -. Ese pueblo que cantaba
bajo el sol abrasador del sol de Cibeles una mañana de final de primavera: Como
estás mi Señor en la custodia, / igual que la palmera que alegra el arenal, /
queremos que en el centro de la vida / reine sobre todas las cosas tu ardiente
caridad”
El
Pueblo, ha dejado muy clarito, una vez más, que está por encima, muy por encima
de todo lo que le rodea y sabe distinguir entre churra y merinas y quien viene
fiel a su doctrina y aunque duela, a decir, esto es lo que hay.
Algunos
de los que somos pueblo, a veces, caminamos en la penumbra. Espinas, guijarros que hieren, dificultades,
decisiones muy duras y, en momentos, incomprendidos. El Papa ha trasmitido su
mensaje de esperanza, de paz. Ha mostrado el camino. Por lo pronto, el pueblo
de Madrid lo ha acompañado en su caminar físico. Ha llenado plazas, calles,
aceras o como anoche, el Santiago Bernabéu.
Nosotros,
mientras tanto, tenemos su mensaje, su doctrina. Citó, aunque parezca que no
está de moda, a san Manuel González y habló del Sagrario. En los tiempos que
correen, ¡Jesús, en el Sagrario! Nos ha citado, también a místicos.
Teresa
de Jesús: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la
paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios, solo
Dios basta. Ahí queda eso, o San Juan de la Cruz, que, tampoco, lo tuvo fácil y preguntó
directamente: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido. / Como
el ciervo huiste, habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y eras ido…
Lo que no hay es espacio, pero hay más, mucho más.
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