Marzo,
4 miércoles
Dicen
que se subió a promontorio, o sea un lugar un poco más alto, donde la gente podía
verlo y escuchar las palabras que se iban por los caminos del viento, pero que
les llegaba a todos. Probablemente estarían sentados en el suelo, habría
silencio y todos percibían lo que Él transmitía… La gente le prestaba atención.
Todo aquello sonaba a nuevo. Ahora, también.
Dicen
que comenzó a hablar. No tenía prisa, recalcaba las palabras y los conceptos. Escuchaban:
“Bienaventurados los pobres de Espíritu porque
de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados
los mansos de corazón porque ellos poseerán la tierra…
Bienaventurados
los que lloran porque ellos serán consolados…
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justica porque ellos serán hartos
Bienaventurados
los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia
Bienaventurados
los limpios de corazón porque ellos verán a Dios
Bienaventurados
los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios
Bienaventurados
los que son perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de
los Cielo.”
Y la
gente escuchaba… y pasó el tiempo. Mucho tiempo. Hay otros hombres que han
escuchado más o menos lo mismo, pero..., ni puñetero caso. Es más, ni oyen
ni escuchan, que parece que es igual pero no lo es.
Algunos
dan la impresión de haberse vuelto locos. Si no lo están, lo parecen. Malditos los
Idus de marzo. Trajeron en un tiempo muerte, dolor, desesperación, rabia,
impotencia…; ahora, también. Da igual el color de su piel o de su pelo; no
importa a qué lado del mar viven, da lo mismo la manera como se visten. ¿A qué
Dios dicen que le rezan…?. No importa qué lengua hablan… Da casi igual, todo. Al que
se subió al promontorio, y dijo todo aquello, ni puñetero caso.
Es más,
dentro de unos días, sacaremos a las calles altares móviles en ciudades grandes,
en pueblos medianos, pequeños o mediopensionistas Les pondremos candelería, música,
flores, boato, tramoya… Otros, sentirán
que es una fiesta más. La primera gran fiesta de la primavera. Hay, también, quién
al revolver de una esquina, o en un lugar que él se sabe, sentirá algo por
dentro….
Es la
manera de recordar como terminó Aquel que desde lo alto del cerro dio
un programa de vida y terminó diciendo, ahí os lo dejo (No lo dijo así, pero se
sobreentiende). Quien quiso hacerle caso supo que el camino no es fácil pero sí
que el mundo sería otro, muy distinto a éste que nos han traído estos Idus de
marzo…
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