jueves, 19 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra nuestra

 

 

                              Puente de Triana. Río Guadalquivir. Sevilla.

                               

Marzo, 19 jueves.

 

Escribió don Manuel Machado (éste también tiene ‘don’): “Todas las primaveras / tiene Sevilla /nueva tonada /de seguidillas; nuevos claveles / y niñas, que por mayo, / se hacen mujeres”.

Y, por si fuera poco, además, Sevilla tiene ya naranjos ahítos de azahar, jacarandas a punto de romperse en flores lilas, rosas en los jardines de Murillo y, el Domingo de Resurrección, con clarines y sin timbales a Morante en la Maestranza…

Mi amiga Manuela publicó hace unos días, en su página, una foto del Guadalquivir – “¡Ay, río de Sevilla...¡” Agua mansa y quieta por donde decía Federico que venían los barcos de vela,  bajo el  Puente de Isabel II o de Triana, que para el caso, lo mismo. Al fondo, la luz de la tarde, y un cisne en su salsa. Le pongo un comentario.

- Sevilla, preciosa; el cisne no me cuadra. Lo veo desproporcionado.

Me responde:

- Es un pato, hay muchos en las orillas. Se ven a menudo por el río. Será que les gusta Sevilla.

No digo nada. Lo pienso: sevillanismo, en esencia…

Cuando yo era muchacho, Ideal de Granada, publicaba una viñeta de humor. Miranda, su autor.  Protagonistas: un gitano con puro y gordinflón, sombrero de ala ancha, bastón y pinta de poco amor a doblar la espina… En la viñeta, ademas, siempre, un felino, negro…

- Miranda ¿Por qué pone usted todos los días un gato? Preguntó alguien.

- No es un gato; es una gata…

Granaíno, sin dar más vueltas.

Los andaluces somos así. Jaime pinta sirenas en los Baños del Carmen; Leonardo, la musicalidad del grifo que gotea; Andrés Sáenz de Tejada, desgrana el misterio de cada día…

Cádiz se abre al Atlántico, y en la misma orilla, hacia el Estrecho, Tarifa tiene dos mares: la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente; en la Sierra del Huelva, el viento de poniente es ‘foreño’; en Granada, al del norte: aire de la Sierra;  en Jaén,  matacabras; en mi pueblo, en Álora, ‘aire de arriba’ y cuando, a media mañana, arranca el levante, la gente del campo, dicen: ya están aquí las ‘malagueñas’. Por cierto, en Málaga, al aire, en verano, del noroeste, se le llaman terral… ¡Qué Dios te coja confesado, hermano! Así es la Tierra nuestra...




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