Puente de
Triana. Río Guadalquivir. Sevilla.
Marzo,
19 jueves.
Escribió
don Manuel Machado (éste también tiene ‘don’): “Todas las primaveras / tiene
Sevilla /nueva tonada /de seguidillas; nuevos claveles / y niñas, que por mayo,
/ se hacen mujeres”.
Y, por
si fuera poco, además, Sevilla tiene ya naranjos ahítos de azahar, jacarandas a
punto de romperse en flores lilas, rosas en los jardines de Murillo y, el
Domingo de Resurrección, con clarines y sin timbales a Morante en la
Maestranza…
Mi
amiga Manuela publicó hace unos días, en su página, una foto del Guadalquivir –
“¡Ay, río de Sevilla...¡” – Agua
mansa y quieta por donde decía Federico que venían los barcos de vela, bajo el
Puente de Isabel II o de Triana, que para el caso, lo mismo. Al fondo,
la luz de la tarde, y un cisne en su salsa. Le pongo un comentario.
-
Sevilla, preciosa; el cisne no me cuadra. Lo veo desproporcionado.
Me
responde:
- Es un
pato, hay muchos en las orillas. Se ven a menudo por el río. Será que les gusta
Sevilla.
No digo
nada. Lo pienso: sevillanismo, en esencia…
Cuando
yo era muchacho, Ideal de Granada, publicaba una viñeta de humor.
Miranda, su autor. Protagonistas: un
gitano con puro y gordinflón, sombrero de ala ancha, bastón y pinta de poco
amor a doblar la espina… En la viñeta, ademas, siempre, un felino, negro…
- Miranda
¿Por qué pone usted todos los días un gato? Preguntó alguien.
- No es
un gato; es una gata…
Granaíno, sin
dar más vueltas.
Los
andaluces somos así. Jaime pinta sirenas en los Baños del Carmen; Leonardo, la musicalidad
del grifo que gotea; Andrés Sáenz de Tejada, desgrana el misterio de cada día…
Cádiz
se abre al Atlántico, y en la misma orilla, hacia el Estrecho, Tarifa tiene dos
mares: la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente;
en la Sierra del Huelva, el viento de poniente es ‘foreño’; en Granada,
al del norte: aire de la Sierra; en Jaén, matacabras; en mi pueblo, en Álora, ‘aire
de arriba’ y cuando, a media mañana, arranca el levante, la gente del campo,
dicen: ya están aquí las ‘malagueñas’. Por cierto, en Málaga, al aire,
en verano, del noroeste, se le llaman terral… ¡Qué Dios te coja confesado,
hermano! Así es la Tierra nuestra...
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