Marzo,
29 Domingo de Ramos
Era una noche de abril.
Tú allí, sobre el trono.
Entre Tú y yo el silencio.
Yo
escuchaba el silencio. El silencio con que me hablas tantas veces.
Yo
escuchaba el silencio. Tu silencio. ¿Puedo decírtelo? Te lo digo: el silencio
nuestro. Hemos impuesto es manera de hablarnos: nuestro silencio.
Te veía
lejos, muy lejos sobre las cabezas del gentío. Pienso que todos, al igual te
hablábamos en esa manera diferente de hablar: nuestro silencio.
Otras
veces te he visto en San Lorenzo. No sé. Aquella noche de primavera te veía sin
la imposibilidad de mirarte con el miedo que da el mirarte cara a cara, el
sostenerte la mirada. En la lejanía, sabes que es otra cosa. Tú, sin embargo,
sabes que no existe esa distancia…
Musito
en silencio. No cabe otra. Entre labios me sale: “Yo pecador, confieso ante
Dios…” Y siento ese algo que se sabe que brota por dentro…
No sé.
No lo sé.
Era una
noche de abril.
Tú
allí, sobre el trono.
Entre
Tú y yo el silencio.
Una vez
más, otra vez, más el silencio con que Tú siembre me hablas… Y escucho y acepto
y…
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