VIRGEN
DE LOS DOLORES: PIDE Y ALCANZA…
Marzo,
28 sábado de Pasión. Avanzaba la noche lentamente, con parsimonia,
con esa cadencia con que se mueren todas las tardes, pero ésta era la de
viernes de Dolores. Igual, pero distinta a otras tardes. No era un atardecer
luminoso. No estaba el sol de la primavera recién nacida; todo, penumbra.
Desde
no se sabe cuándo (tampoco importa) cada atardecer de viernes de Dolores, los
hermanos llevan a la Virgen que tiene por nombre el mismo del día, desde su
altar – en la nave de la Epístola – al trono, al final de templo.
Se han
apagado casi todas las luces; encendidas, solo aquellas que facilitan la visión
imprescindible. Algún foco lejano, y un leve rumor de cantos que son rezos. Un
coro de voces femeninas entona: “Si las dulces palabras del ángel /
inundaron de gozo tu alma, / de un profeta la fúnebre calma / la llenó de
amargura y dolor”.
Un
golpe seco sobre la madera de varal pone el cortejo en marcha. La mecida suave,
con mimo, con cariño, como solo puede hacerse en un acompañamiento a una Madre
transida de dolor. El remate del canto apostilla: “por tus dolores / ten
compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Una voz
entona: Dios te salve, María… Y así, poco a poco. Paso lento y corto, paradas
leves. Solo las suficientes que aportan un sentimiento especial. Vamos en una
procesión claustral. Se desgranan los Misterios Dolorosos: ¿Quién es esa
Mujer que angustiada, / vacilante y llorosa camina? / ¿Quién es esa Mujer tan
divina? ¿Quién es esa mujer celestial?” No hace falta, ¿verdad, que no la
respuesta?. El coro la da. “Esa triste mujer – responde – es María…”
Se
alterna con el rezo del Santo Rosario esa otra manera de rezar. Ya se sabe que
quien reza cantando, reza dos veces. Repasa lo acumulado por el fervor desde no
se sabe cuándo. La musicalidad, en un pentagrama sin partitura.
Recorre
el lateral del templo por la nave del Evangelio. Al final, espera el trono
donde María Santísima de los Dolores Coronada, paseará, un año más, por las
calles de Álora la noche del Jueves Santo y en la mañana del Viernes Santo. La
Despedía, punto y aparte. Llamada totémica en Álora….
Terminan
rezos, cantos y recogimiento; concluye el acto. El cielo, oscuro; la noche
cerrada. Es noche de viernes de Dolores. En mi interior resuena el estribillo
final: “por tus dolores / ten compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Por
cierto, anoche iba la Virgen más bonita que nunca. Al menos, a mí me lo
pareció…
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