Abril, 2 Jueves Santo
Ha
amanecido un día sin la luminosidad que dice el refranero que debe tener este
jueves que acompaña a otros dos jueves, el que celebra al Corpus Cristi y a la
Asunción. Da igual. Dios está, también, allí.
El sol,
por el cambio de hora, cada mañana aparece un poco antes en el horizonte. Esta
mañana, salvada el alba, no estaba tan limpio de nubes, de bruma, o de
cualquier otro atisbo que tuviera la intención de poner algo de telarañas como
uno cree que era su deber.
Muy
temprano cantaban los mirlos en la huerta y con otros pájaros, también – en la
alameda del arroyo. Se las andan ahora en ese proceso asombroso de cumplir su
ciclo y hacen sus nidos. Verdaderas obras de arte, admirables. Allí, no cabe
ninguna duda, está Dios. Está la mano de Dios.
Las
florecillas del camino, con abejas libando, a medida que el sol ha subido hacia
su cenit, han abierto. Ofrecen tonalidades de colores increíbles, asombrosas.
Tan únicas, que solo pensar en reproducirlos ya es una obra de arte. No tengo
ninguna duda. Detrás, sin que casi se perciba, está el esplendor de Dios-
En el
orbe católico el Jueves Santo tiene una significación especial. Celebramos la
Institución de la Eucaristía. Se inició el ciclo con el solsticio de invierno,
la Natividad; en la Epifanía, darlo a conocer a los gentiles; la Cuaresma
preparó para la Pascua: Última Cena: Pan y Sangre de Cristo, Muerte en la cruz
y sobre todo la Noche de Pascua. “!Qué noche tan dichosa / en que se une el
cielo con la tierra, / lo humano con lo divino!” después vendrá la
Ascensión, Pentecostés y aquello de: id…, y fueron. Y Dios estaba allí.
Aquellos
que recibieron el mensaje supieron de la igualdad de todos, de compartir con el
que no tiene, de tender la mano a quien lo necesita. Como no es fácil el
cumplimiento, pues hace que, a veces, nos quedemos con las hojas y olvidemos la
raíz. Me acuerdo ahora de San Juan de la Cruz: Al final, nos examinarán de
amor. Ya se sabe donde hay caridad y amor, allí está Dios.
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