sábado, 25 de abril de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La importancia de llamarse Antonio

 



Abril, 25 sábado


Dentro de unos años va a ser algo insólito. Los ríos llevarán agua; en invierno hará frío; en verano, calor. El sol saldrá cada mañana y las sierras estarán blancas cuando en sus cumbres se deposite la nieve; el mar tendrá agua salada y por las vías (por algunas) circularán los trenes, pero eso de llamarse Antonio puede ser algo raro. Seguro que sí.

Verán. Me lo contaron hace unos días. Llega a la consulta del médico. Tienen que hacerle la ficha:

- ¿Cómo se llama usted?

- Iloveni

- Me lo repite, por favor…

-Iloveni

- Por Dios que nombre más raro. No lo he oído nunca.

- Pues no sé. Se ve mucho por la calle. Lo pone en las camisetas (I love NY)

La enfermera alucina en blanco, en negro, en colores. Una sorpresa mayúscula de hasta dónde puede llegar la estupidez humana. La publicidad de la ciudad americana…  (I love NY) “Yo amo a Nueva York”, en inglés, lo había tomado como un nombre…

Hasta hace unos años a los recién nacidos les colocaban el nombre de los abuelos (a algunos, de verdad, los machacaban); luego, vinieron otros nombres y, sobre todos, se impusieron los de los protagonistas de las telenovelas y películas. Aparecieron Cristal, Yésica, Kevin, Jhonsire…

En Castilla tenían la costumbre de ponerles el nombre del Santo del Día. Conocí en un curso de verano, en Ciudad Real, a una chica zamorana – un encanto de persona – a la que le habían encasquetado ¡Alfonsa!

En la mili, mi furriel se llamaba ¡Rosario! Un día no me pude contener – era, también, una buenísima persona – y se lo dije: “En mi pueblo ibas tú listo: Charito, por aquí, Charito por allí”.  Los que fueron al Registro a la inscripción se lucieron.

Pasado los años los masculinos y femeninos de Franciscos, José, Juan, Manuel, Bartolomé, Jerónimos… Se conocían por Pacos o Pacas, Pepes o Pepas, Manolo o Manola; Bartolo, Jeromo… Una letanía, casi apócrifa de Santos o Santas. Para el caso, lo mismo.

Ahora ya ven. Esto, como decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma. “hoy las cosas adelantan que es una barbaridad”. Dentro de unos años cuando la moda vuelva a imponerse si usted a un niño, le puso por nombre Antonio, pues será un espécimen raro, un bicho que, quizá ha venido de otro planeta de esos que se las anda por los mundos siderales, pero podrá sacar pecho y valorará la importancia de llamarse “Antonio”, por ejemplo.


 

 

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