viernes, 17 de abril de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La primavera

 




Abril, 17 viernes


Las abejas libaban esta mañana en la rosaleda. Las abejas habían madrugado casi tanto como el sol y, entre ellas, se había distribuido el los arriates donde debían sacar el extracto de néctar que luego será miel. Todas sabían su rosa asignada: roja, amarilla, blanca, lila (las lilas me las tocáis con mucho cuidado, les dije, y me hicieron caso) anaranjadas, cobrizas…

Las abejas cumplían lo mejor que ellas saben hacer su cometido. Competían con ellas otro insectos, esos de los que no conocemos sus nombres.  Saben que estamos en primavera y que, luego, vendrán los meses tórridos del estío y ellas durante algunas horas darán paso a las avispas. Las avispas como son más puñeteras no le temen ni a la calor, ni a nada. Bueno, sí, le temen a los abejarucos, que comparten espacio con ellas y pían y pían y señalan círculos concéntricos en el cielo azul.

Piaban los gorriones que se las anda a la gresca metiendo broza en los bajantes de agua de los tejados. Hay un nido de jilgueros en el ciprés de la alberca, pero está muy alto. No logro verlo. Tampoco he visto el nido de mirlos. Está en algún encuentro de los naranjos. Veo al mirlo posado en los cables de la luz y de vez en vez da una volada cercana. No he querido zarzalear por la huerta para no espantarlos. Esta mañana temprano, también, cantaba un carbonerillo. Luego, a medida que entraba la mañana, desapareció.

Por la barranca, al otro lado del arroyo, apareció una piara de cabras. Era una sinfonía de latón. Primero, lejanas, luego cada vez con más intensidad. Pasaron y se alejaron con lentitud, sin prisa.  Careaban por la ladera. Comían la hierba fresca que esta primavera está generosa, espléndida…. El cabrero llevaba un perrillo negro, una honda y un garrote. Me saludó en la lejanía. Le devolví el saludo…

La primavera lleva su ritmo y su cadencia; la rosaleda florece a su modo; están ahítos de azahar los limoneros y los naranjos y dicen que también los cerezos… Se han vestido los almendros y las higueras. Están en sazón los nísperos.

La primavera un año más nos embellece la vida y como Muñoz Rojas en Las cosas del campo nos hace meditar: “Decir es siempre hermoso. Poder decir, cantar o irse por jardines la primavera y luego dejar la primavera y encontrar aquel niño que acaso fuimos. Irnos con él, irle contando lo que fuimos, igual que yo, lo mismo”.



 

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