Teatro romano de Málaga. Plano superior: La Alcazaba
UN TEATRO ROMANO ACORDE CON LA
CIUDAD
Abril, 11
sábado.
Los
restos arqueológicos dispersos por Andalucía nos dan una información más o
menos cercana al poderío económico, social y político de la tierra donde
asienta. Las diferentes culturas que pasaron por el Sur de la Península
Ibérica: fenicios, griegos, romanos o árabes lo atestiguan.
Los
restos del teatro romanos en Málaga son una señal evidente. El único río con
posibilidad del calado de sus aguas, el Guadalhorce, dejan restos de villas que
surgieron en sus orillas. El río navegable para embarcaciones de muy pequeño
calado hace posible que hasta las cercanías de Cártama se puedan encontrar esos
vestigios.
El
teatro romano, hoy al pie de la alcazaba, entonces, en las faldas de la colina,
dejaban en evidencia que la Málaga romana era una ciudad de segundo orden, con
una población muy limitada que dependía de una agricultura de subsistencia y de
la pesca.
El
teatro, se ‘descubrió’ por puro azar. Fue a partir de 1951 cuando unas obras en
los jardines – por llamarlos de alguna manera – a los pies de la fortaleza andalusí
sacaron a la luz los sillares del teatro. En una parte se había construido una
biblioteca representativa de la autarquía malagueña. En 1994 se emprende la
demolición del edificio y recuperar lo poco que se pudo del teatro.
Las
dimensiones medias atestiguan su importancia. Es del siglo I. Se articulaba en
gradas sobre el desnivel de la colina, donde se asienta, dejando entrever su
estilo ‘griego’ con tres escalinatas scalarium que culminaban en sus
salidas o vomitoria. Abajo los aditus para los notables del que
solo se conserva el lado sur.
Actualmente
se ha reconstruido de manera parcial algo del graderío, la orchestra y scena.
Nada ha quedado de los elementos decorativos que en su tiempo debieron dar
suntuosidad y prestancia al lugar. Tampoco ha quedado nada del entorno que
debió rodearlo.
En la
actualidad se han llevado a cabo diferentes actuaciones urbanísticas de
adecuación peatonal de la zona. Además del aporte artístico e histórico que
supuso la recuperación del monumento ahora la ciudad goza de un espacio de
expansión y ocio que conecta, casi sin pretenderlo en un crisol varias culturas
en un espacio relativamente pequeño: la árabe en el castillo de Gibralfaro y la
Alcazaba, la hebrea, en la Judería, con un monumento a Ibn Gabirol, la cristiana
con la cercanía de la Catedral de la Encarnación y la propiamente romana, con
la presencia del Teatro.
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