jueves, 16 de abril de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El campo de antes

 



Abril, 16 jueves


Por la ‘sanmiguelá – ese tiempo que viene en los inicios del otoño en torno a la festividad del arcángel - el gañán se levantaba de madrugada. Echaba un pienso a los mulos: paja y cebada. La cuadra estaba caliente; desprendía un vaho. Piafaban las bestias. El hombre, colgada el candil en un clavo en pared, y las sombras parecían fantasmas alargados que no tenían manos.

Cuando el lucero del alba se ponía sobre el monte del Cerro del Cura sacaba la yunta al corral. Primero, uno; luego, el otro. Los mulos tenían nombres. Se llamaban Chaparro y Peregrina. La mula era más noble; chaparro, más destartalado.

Les ponía la jáquima un artilugio de cuero con una pieza metálica a la altura del befo. Sujetaba a los animales. Los aparejaba. Movimientos mecánicos y colocaba sobre el lomo: albardón, ropones, harma, sobreharma y cubierta. La cincha los inmovilizaba.  A uno de ellos le echaba el serón. Lo afianzaba con un cordel de esparto… En los cujones ponía, en uno, el costal con la simiente; en el otro, el cantarillo del agua y la talega con las viandas para el día.

En la besana, los desprendía de los aparejos. Se dejaban, muchas veces, bajo algún olivo solitario. Era el hato. Si le acompaña un perrillo se quedaba en la guarda… Los uncía en el ubio. Sobresalía el extremo del ejero que fijaba con una lavija. El arado, un arado romano, de madera, se componía de varias piezas: garganta, orejeras que esparcía la tierra del surco a ambos lados, mancera… El gañán trazaba varios surcos separados, o sea, amergaba la tierra para tener un orden….

La semilla si era de cereal iba en una pequeña bolsa de lona. La mano entreabierta asía un puñado y lo esparcía, entreabriendo la mano, a voleo. Si eran leguminosas, alguien detrás de él las dejaba caer espaciados en lo hondo del surco que, a la vuelta de la yunta terminaban enterradas bajo la tierra.

El cante le puso su momento de poesía: “arando en un peñascal / se me perdió la besana / y aonde la viene a encontrar/ debajo de tu ventana”. A veces, una bandada de palomas picoteaba las semillas antes de que el arado las cubriera de tierra.

Luego, si venían las lluvias de otoño, unos meses después, en torno a la Navidad, verdegueaba el campo. Las lomas aparecían verdes y cuando avanzado el tiempo y llegaba abril, cuando se arrancaba el levante peinaba los sembrados y parecían olas de mares de un secano que respondía a la pregunta. Sí, por aquí paso y dejó su belleza prendida para regocijo de las almas que valoran estos paisajes…

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario