Abril, 24
viernes
Señor,
esta mañana ha amanecido un día gris, entoldado. Eran nubes altas. Parecían
quietas como ancladas en un cielo que no estaba azul. El sol no ha aparecido
como todos los días por detrás de los montes, esos que cierran el horizonte. Si
embargo, la luz cada vez era más intensa. Loado seas, mi Señor, por esa luz que
nos alumbra y nos dice que ya viene entrando el día.
Los
primeros coches de la mañana van ligeros. Van al trabajo. Bendito trabajo para
quien puede lograrse el sustento de cada día. Algunos coches se detienen ante
la puerta de la panadería. No paran el motor. Una chica con cara de sueño,
despacha, a cada demandante, sus peticiones: dos barras; una integral
gallega; medio casero cortado; una malagueña que esté tostadita… La prisa
hace que no se intercomuniquen por sus nombres. Solo el “buenos días” y
despacha… según, cada demanda. Un timbre dice que se abre la caja registradora.
Se intercambian un billete de papel y unas monedas de la vuelta. Bendito seas
Señor por esta gente de los que desconozco sus nombres. La prisa, Señor, la
dichosa prisa que nos empuja.
Cuando
he llegado al campo la luz era más intensa. El sol no ha aparecido. Las nubes
lo van a ocultar. El hombre del tiempo ha dicho que hoy puede llover en
Andalucía Oriental, que puede caer granizo en algunas zonas y que podría haber
oleaje fuerte en Almería.
Señor,
no te digo nada. A lo mejor hay alguna patera perdida entre olas embravecidas.
Loados seas, mi Señor, por las olas de nácar, por los mares azules, (por los
otros, también, pero cuando no hay personas por medio que huyen de sus
miserias) por la mano que les vas a tender para que lleguen a la playa. Loado
seas Señor por esos hombres vestidos de verde, por los otros, los de uniforme
rojo y una Cruz Blanca. ¿De qué color era tu Cruz, Señor? Siempre la hemos
visto de color madera…
Loado
seas, mi Señor, por las rosas, espejos tuyos que han sobrevivido a la noche.
Esta noche (no sé a qué hora vinieron las nubes, porque las nubes van y vienen
siempre de algún sitio a alguna parte) no han visto ese vocabulario en morse,
con apariencia de estrellas, con el que Tú hablas por las madrugadas.
Loado
seas, mi Señor, por el carbonerillo que canta en las ramas de la higuera. Debe
tener el nido cerca. Se deshace en sus trinos monótonos. Yo le pregunté si ibs a llover. Me fijo que
sí…
Señor,
a media mañana, unas gotas mojaron el suelo ¿Se habrá mojado el nido del
carbonerillo? Loados seas mi Señor, por los pajarillos que han cantado al
amanecer, por este día que nos has regalado, por este mundo, aunque está
demasiado convulso.
Loado
seas, mi Señor, por mi amigo Bruno que va recibir el Sacramento de la
Confirmación. Mi amigo Bruno tiene ocho años, como ocho soles, cara de pillo y
ojitos de niño listo, muy listo.
Loado seas, mi Señor, hoy y siempre.
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