Frías. (Burgos)
Abril,
20 lunes
Dejé,
tras mis pasos, las tierras de La Bureba. Pernocté en Oña. Venía de Frómista.
Crucé de oeste a este las tierras de la Castilla añeja. Los paleógrafos buscan,
en la Sierra de Atapuerca, la identidad de los pobladores más antiguos de
Europa. Tampoco han borrado la huella y el recuerdo de un hombre casi mito en
la Historia de España, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. En esa ocasión
no iba tras los pasos de unos ni de otro. Buscaba llegar a las aguas del Ebro.
Más al norte, la tierra de Merindades. Conjunción de municipios y tierra donde
la historia y la administración de Justicia se escribió de otra manera.
Monasterio
de San Salvador. Oña (Burgos)
Admiro
la mole del monasterio de San Salvador, benedictino en su exclaustración
jesuita, después. Lo fundó Sancho García, conde de Castilla. Era por el 1011.
Desde entonces a hoy ha llevado mucha agua el río Oca al Ebro…
Con las
primeras luces del día reemprendí camino. Hay que hacer parada obligada en
Tobera. Es un pequeño municipio. No llega a los cien habitantes en torno al río
Molinar. Antes, empotrada en la roca, Santa María de la Hoz. Más que el valor
artístico de la iglesia hay que apreheender la belleza del pequeño monasterio
románico incrustado en la piedra. No se sabe qué fue antes si la iglesia o el
tajo cortado…
Un poco
más adelante, en el horizonte se recorta una belleza singular, sin igual. Algo
que hay apartar porque al andar los caminos uno se puede encontrar con pueblos
bellos, bellísimos, y si me apuran, hasta puede llegar a agotar los adjetivos.
Frías se aparta de todos. Sencillamente, Frías es único.
La
muralla recorta el horizonte. En su cumbre, el castillo, atalaya sobre el río.
¿Es el capricho de la roca que se eleva? ¿Es la voluntad de los hombres que
hicieron lo que no lograron hacer otros en lugares diferentes? No sé. Uno se
queda sin palabras. Al final, casi en la terminación de una calle larga con
puestos abiertos a ambos lados para atraer la atención del turista, el
castillo.
El castillo en un extremo; en el otro, la iglesia de San Vicente, románica. Le amputaron su portada y pasó al otro lado de Atlántico de la mano del dólar para disfrute de un clima más benigno, en Nueva York en el museo The Cloisters… ¡Cosas que pasan sin remedio!
Frías (Burgos)
Subo y
como en la copla, “a ti solita, a las demás no hago caso”. En lo que uno
se imagina que fue patio de armas preparan un espectáculo. Está, avanzada la
primavera, y por San Juan celebran las fiestas. Hombres y mujeres vestidos de
la época medieval. Sabor a otro tiempo…
Me bajo
despacio por la calle ancha y singular. Miro y admiro. Me llego hasta el Ebro.
El puente, soberbio. El río ha dejado de venir por las profundidades. Se abre.
En la mediación, - dicen que es romano – con pinta de medieval un puesto de
peaje. Era una manera de sobrevivir. El que viene, paga. Si no, se queda al
otro lado de las aguas…
Un
lavadero de otro tiempo y la huerta que sirvió la comida fresca para acompañar
la carne de caza en otro tiempo. Piedra y madera. Protección de vientos,
lluvias y en cuando el rigor del invierno apretase, entonces… ¡Dios mío! ¿Cómo
sería la vida entonces en este pueblo que ha pasado del paso del tiempo y sigue
siendo una joya medieval?
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