lunes, 20 de abril de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora, España, sin ir más lejos: Frías

 


               Frías. (Burgos)


Abril, 20 lunes

 

Dejé, tras mis pasos, las tierras de La Bureba. Pernocté en Oña. Venía de Frómista. Crucé de oeste a este las tierras de la Castilla añeja. Los paleógrafos buscan, en la Sierra de Atapuerca, la identidad de los pobladores más antiguos de Europa. Tampoco han borrado la huella y el recuerdo de un hombre casi mito en la Historia de España, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. En esa ocasión no iba tras los pasos de unos ni de otro. Buscaba llegar a las aguas del Ebro. Más al norte, la tierra de Merindades. Conjunción de municipios y tierra donde la historia y la administración de Justicia se escribió de otra manera.


                             Monasterio de San Salvador. Oña (Burgos)


Admiro la mole del monasterio de San Salvador, benedictino en su exclaustración jesuita, después. Lo fundó Sancho García, conde de Castilla. Era por el 1011. Desde entonces a hoy ha llevado mucha agua el río Oca al Ebro…

Con las primeras luces del día reemprendí camino. Hay que hacer parada obligada en Tobera. Es un pequeño municipio. No llega a los cien habitantes en torno al río Molinar. Antes, empotrada en la roca, Santa María de la Hoz. Más que el valor artístico de la iglesia hay que apreheender la belleza del pequeño monasterio románico incrustado en la piedra. No se sabe qué fue antes si la iglesia o el tajo cortado…

Un poco más adelante, en el horizonte se recorta una belleza singular, sin igual. Algo que hay apartar porque al andar los caminos uno se puede encontrar con pueblos bellos, bellísimos, y si me apuran, hasta puede llegar a agotar los adjetivos. Frías se aparta de todos. Sencillamente, Frías es único.

 To
Tobera. (Burgos)

 

La muralla recorta el horizonte. En su cumbre, el castillo, atalaya sobre el río. ¿Es el capricho de la roca que se eleva? ¿Es la voluntad de los hombres que hicieron lo que no lograron hacer otros en lugares diferentes? No sé. Uno se queda sin palabras. Al final, casi en la terminación de una calle larga con puestos abiertos a ambos lados para atraer la atención del turista, el castillo.

El castillo en un extremo; en el otro, la iglesia de San Vicente, románica. Le amputaron su portada y pasó al otro lado de Atlántico de la mano del dólar para disfrute de un clima más benigno, en Nueva York en el museo The Cloisters… ¡Cosas que pasan sin remedio!

   

                                Frías (Burgos)


Subo y como en la copla, “a ti solita, a las demás no hago caso”. En lo que uno se imagina que fue patio de armas preparan un espectáculo. Está, avanzada la primavera, y por San Juan celebran las fiestas. Hombres y mujeres vestidos de la época medieval. Sabor a otro tiempo…

Me bajo despacio por la calle ancha y singular. Miro y admiro. Me llego hasta el Ebro. El puente, soberbio. El río ha dejado de venir por las profundidades. Se abre. En la mediación, - dicen que es romano – con pinta de medieval un puesto de peaje. Era una manera de sobrevivir. El que viene, paga. Si no, se queda al otro lado de las aguas…

                

Río Ebro. Frías (Burgos)

 

Un lavadero de otro tiempo y la huerta que sirvió la comida fresca para acompañar la carne de caza en otro tiempo. Piedra y madera. Protección de vientos, lluvias y en cuando el rigor del invierno apretase, entonces… ¡Dios mío! ¿Cómo sería la vida entonces en este pueblo que ha pasado del paso del tiempo y sigue siendo una joya medieval?

 

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