La Escuela de los años cincuenta del siglo XX
Abril, 26 domingo.
España
era para el niño un mapa de hule descascarillado y viejo. Brillaba - el mapa -
por algunos sitios; en otros, tenía perdido el color. Con un puntero de madera
largo – como los palos de billar que usaban, los hombres para jugar en el
casino al que llamaban Círculo Cultural – se señalaban los accidentes
geográficos.
El niño
sabía porque lo cantaban, todas las tardes, en la escuela, que España limitaba
“al norte con el mar Cantábrico y los Montes Pirineos que nos separan de Francia”.
El niño nunca había visto el mar y ni, por supuesto, tenía idea de dónde podía
estar Francia.
No
comprendía por qué si la Islas Canarias eran unas islas tenían que encerrarlas
con una línea quebrada y no la dejaban libres, sin marca, sin ninguna marca,
como estaban las Islas Baleares que también eran otras islas.
El niño
no entendía muchas cosas. No comprendía por qué la Guardia Civil cuando
llevaban a alguna persona detenida la paseaba, esposada y humillada, por la Fuentarriba - que era la plaza principal
de su pueblo - ante los ojos de todos los que miraban y no lo hacían de una
manera más discreta.
También
se preguntaba por qué había entierros de varias ‘categorías’ y que según
pagaban los dolientes, les hacía uno o dos o más responsos, con canturreos
gregorianos, parando la comitiva fúnebre en la calle…y, por qué, otras veces,
delante de la caja no iba el cura, pero esos entierros no hacían paradas en la
calle.
Otras
veces, venían por las casas algunas personas mayores, pidiendo para enterrar a
alguien “de caridad”. Los entierros siempre le impresionaban mucho al niño
porque cuando la ‘parroquia’ se acercaba a la casa del muerto desde dentro
salían muchos llantos y gritos de las mujeres; los hombres, casi siempre, iban
detrás, en silencio.
El niño
se hacía mayor. Cambió el pantalón corto por uno largo; de jugar en la calle
pasó a jugar en el Llanillo y se moceaba por la Cancula. Luego anduvo los caminos
que le marcó la vida. El niño comprendió algunas cosas; otras, no. ¡Cosas que
pasan!
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