Málaga
en el crepúsculo; al fondo, África
Mayo, 3 domingo.
Cuando
llegaba de su Valladolid natal en los primeros viajes hasta su nuevo traslado,
Málaga, me decía mi admirado Paco Fadón que, tras pasar el Puerto del León, al
llegar a lo alto de la Cuesta de Reina, creía que ya había llegado…
Málaga
se extendía a sus pies. Si era de día, a veces, cubierta con alguna bruma.
Dependía de dónde venía el aire; si era de noche, un sinfín de puntitos luminosos
emergían en la oscuridad. La ciudad parecía más grande de lo que, entonces,
era.
Málaga,
desde las cumbres, cuando se viene desde Colmenar era una ciudad de sorpresas.
Primero, a la izquierda, desde esas primeras ventas que uno no sabe si son
adelantos escapados de la ciudad o son, por el contrario, las primeras
salutaciones de bienvenida al viajero que llega.
Si
viene con luz del día ve precipicios imponentes, desde allí hasta Comares
tierras quebradas de suelo alpujarride. Antaño tierra de viñedos. Las uvas
pasas y el vino fueron bandera y seña de una ciudad, de muchos pueblos y de
mucha gente a los que la filoxera llevó a la ruina.
Si mira
hacia el otro lado de la carretera, primero, ve unos cuantos alcornoques.
Pocos, es verdad, pero hacen pensar que ahí el clima debe ser muy húmedo. Es un
espejismo. Una pequeña sensación para despistar al viajero. Luego, unas cuantas
encinas; después, la mano del hombre ha sembrado una extensión considerable de
pinos. Era la manera de luchar contra el empobrecimiento de la tierra, el
arrollamiento de tierras con las lluvias fuertes y una manera de acabar con las
inundaciones periódicas que arrasaban la ciudad. Para esto, además,
construyeron el pantano del Agujero…
El
viajero comienza la bajada; a media ladera la Fuente de la Reina; un poco más
adelante, ahora, al otro lado, una casa de los antiguos Peones Camineros. El
abandono se ha apoderado de ella. La bajada es una sucesión de curvas. Málaga,
al fondo. Unas veces por la derecha; otras, por la izquierda. La línea de mar
se ve más clara. Se adivina la costa. La ciudad se ensancha, se estira en la
línea de playa…
-Málaga
¿es que está a la orilla del mar?
-Sí, a la
orilla, de punta a punta.
- ¿Cómo
dice?
- Desde
la Araña hasta el Guadalhorce…
Hay que
bajar, hay que llegar a la orilla y, entonces, se comprende que Málaga nació y
vivió durante la mayor parte de su milenaria existencia del mar, para luego, más
tarde, darle la espalda… Cosas que pasan.
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