lunes, 12 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ciudad del paraíso

 



Enero, 12 lunes

 

El título no es mío. Se lo he copiado a Vicente Aleixandre, nuestro Premio Nobel que pasó su infancia en esta tierra. Málaga, dicen, los que vienen, tiene ‘algo’, un no se sabe qué, que atrapa, que enamora. ¿La brisa del mar? ¿Sus días de sol, en invierno? ¿Su gente? No sé. Soy parte; no soy objetivo.

Quizá sea eso y un poco más de otras muchas cosas. Cada cual cuenta de la feria como le va. Podríamos hacer una lista: habría puntos comunes; a lo mejor, otros que se sabe que están ahí, pero que ¡ay! No había caído.

Tiene de entrada tres jardines excelsos. Oigan para quitarse el sombrero: el Retiro, La Concepción y el Parque. Este es su orden de antigüedad. El Retiro está en una barriada: Churriana. En sus orígenes una finca en el campo; la Concepción, conforme se sube hacia Casabermeja, primero; las Pedrizas, después, a la izquierda. El Parque, en el centro de ciudad en terreno ganado al mar.

El Retiro en sí es un jardín botánico se debe a uno de los grandes obispos que ha tenido esta ciudad: Fray Alonso de Santo Tomás. La finca data de 1669 y tiene un sello francés que le da un toque especial. El jardín-huerto es lo único que se conserva de lo primero. Quedan azulejos sevillanos en su fuente, mármol de Italia… Eso es, de ‘después’.

La Concepción es una selva. Podemos decir que se extrapoló del Amazonas y no exageramos. Si se afirma que se vino desde la tropical Miami, tampoco. ¿Entonces? No se define. Hay que verla, casi tocarla con la yema de los dedos del alma y entonces, uno va y piensa ¿y esto, en un país arboricida como el nuestro como ha sobrevivido aquí? Hay, una respuesta: los milagros existen.

El tercero, por antigüedad, que no por importancia: el Parque. Fue una ‘invención’ de Cánovas. Le ganó los terrenos al mar. Desde la Acera de la Marina, la Aduana, Catedral y la Alcazaba. Echaron tierra a la mar que no era profunda y lo empujaron sobre sí mimo, mar adentro… Ya ven Málaga ignora a sus hijos y sus hijos dejaron huellas imperecederas.

Hace unos meses acompañaba a un amigo que vive fuera. Paseábamos por el entramado de sus sombras…

- No sabéis qué joya tenéis aquí me dijo.

- Fíjate, le contesté, que mi inolvidable maestro Manuel Alcántara decía que, desde una de sus palmeras, la paloma de Picasso veía los barcos cuando entraban por la bocana del puerto…



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