Enero, 7 miércoles
“Viva Málaga que tiene /Caleta
y el Limonar / y un parque llenito de flores / a la verita del mar”. Lo cantó
José Beltrán Ortega, el Niño de Vélez. Ha pasado el tiempo. Se corrobora;
los que vivimos cerca o los vienen de lejos, también.
No es, el invierno, -y con
España bajo cero y con nieve - la mejor época del año para admirar y gozar de
los jardines de Málaga ni de ninguna otra ciudad. Aquí dicen que la estación
fría porque la naturaleza la ha hecho así, no es tan rigurosa como en otras
ciudades, incluso cercanas a la nuestra. (¡y tiritamos y, si no, vean las
temperaturas mínimas de hoy 7 de enero¡) incluso cercanas a la nuestra.
Los jardines de Puerta Oscura,
no tienen la primorosidad de ser una cosa del otro mundo, (a Dios lo que es
Dios y al César lo que es del César), son un buen ejemplo del aprovechamiento
ornamental de una ladera extremadamente pendiente.
Bajan desde las murallas de la
Alcazaba hasta la tierra llana, la que se ganó al mar y con el tiempo hicieron
más que un parque, que así se llama, un jardín botánico con ejemplares traídos,
unos de la nodriza, de la Concepción; otros, de los lugares más dispares del
mundo. Los veleros surcaron los mares. Atracaron en la Acera de la Marina y
dejaron semillas de joyas únicas.
Los jardines (no sé por qué hablamos
en plural) y los llamamos Jardines de Puerta Oscura cuando en realidad, es uno
solo. Tienen un encanto multicolor y variado. Desde los bajos de la Alcazaba
hasta el Museo Municipal toda la ladera es un conglomerado de verdor con
rincones agradables y llenos de embrujo. Se ve, por encima de los plátanos del
parque, el mar; al otro lado, a la derecha lado el Ayuntamiento con su
eclecticismo arquitectónico; la antigua Aduana, testigo de hasta donde llegan a
atracar los barcos, la torre del Catedral, la ciudad…
Los Jardines de Puerta Oscura
están ahítos de plantas trepadoras, jacarandas, cipreses y buganvillas,
hiedras; barandas de piedra y celestinas, plumbagos a los que alguien bautizó
como jazmines del cielo…
Se dice -y es verdad - que no
tienen nada que envidiar a las rocallas tropicales del Parque de Montjuich o al
‘Jardín Exotique’ de Mónaco, cortado a pico sobre la ciudad. Entre sus rocas
casi verticales las plantas xerófilas le dan un punto de belleza. Los de Puerta
Oscura tienen algo a su favor que no lo tienen los otros dos. Las noches de
primavera se perfuman con el aroma del azahar revienta en sus naranjos. En
Málaga, la primavera madruga más que en otros sitios. No se lo pierdan.
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