jueves, 8 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ulan-Udé (donde más cerca estuve de Mongolia)

 

 


             Ulan-Udé. Siberia. (Rusia)


Enero, 8 jueves.


El lugar más cercano a Mongolia en el que he estado es en Ulan-Udé. El tren, el transiberiano, llegó a media tarde. Hacia un día de sol espléndido. Era verano. Muy temprano partió de Irkutstk, bordeó el lago Baikal, y luego, los montes Chamar-Daban… Valles, montañas en la lejanía, cielo limpio de nubes

La taiga da una belleza continuada en todo el recorrido. El tren hace paradas. Los viajeros se apean, pasean junto al tren. Entre los claros del bosque, pueblos grises; en sus cercanías, las isbas; en las ciudades de más entidad, casas de bloques prefabricados. Se llaman panelki.

 


Ulan-Udé está en el territorio de los buriatos. Allí se unen el río Selengá (el más grande que desemboca en lago Baikal) y el Udá. Allí, también, desenganchan un trozo de tren. Comienza el Transmogol. Va a Ulán-Bator la capital de Mongolia; luego, a Pekín. ¿Entienden lo de mi ‘cercanía’ física a Mongolia?

 


El jefe de estación es una mujer. Se repite en todas las estaciones de Siberia. La estación, descomunal. Hay movimiento de trenes. Vagones y bateas enormes: tienen juegos compuestos de ruedas. Las cuento: 32.

Un autobús viejo nos traslada al centro de la ciudad. Amplias avenidas. Edificios, separados entre sí. El terreno cuesta poco. Tienen la impronta de las construcciones soviéticas con un modelo copiado y mimetizado.

El tren había partido una tarde de agosto de la estación de Yaroslavsky de Moscú. A lo largo del recorrido suben gentes de etnias raciales diferentes; eslavos, tártaros, mongoles y chinos.  



La guía de la Inturist, nos acompaña todo el viaje. En Ulán-Udé esperaba una guía local. Rubia y sin caracteres mongoles. Ojos claros y sonrisa permanente; el manejo del español, ‘aceptable’.

Un autobús nos condujo al hotel. Amarillo y ribeteado de blanco; en su interior predominan los tonos celestes. Todo muy limpio, funcional. Nos sonreían constantemente; eso, al menos pensaba yo. Creo que no me equivoqué.

Nos llevan a ver la cabeza de Lenin. Dicen que es la más más grande del mundo; por la noche a un circo. Es diferentes a los circos europeos: osos, oseznos, caballos, cabras de otras razas y perros, muchos perros. Es espectacular.

Al día siguiente continuamos la marcha.




Bibliografía:

MORALES GARCÍA. José. El Transiberiano. 2024. Inédito. (Extracto)


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