1948. La
última feria que vivió mi padre…
SE HA IDO LA FERIA. ¡VIVA LA FERIA!
Agosto, 9 domingo
Se ha ido la feria. Se ha ido como se van las cosas soñadas,
demasiado pronto para la gente menuda; con otro ritmo para los bolsillos. Cuando
yo era niño la feria importante era la Feria Real, a principios de agosto.
Había otra, en septiembre: 20, 21 y 22. El último día, la Romería. La Virgen de
Flores iba al convento; volvía por la tarde.
Se refundieron las dos. Del ocho al once. Y, después…
En la Feria Real, por la mañana, la de ganado; por la noche,
carricoches, tómbola, casetas de turrón, baile con una orquesta (a cualquier
cosa se le llamaba orquesta, claro), circo con leones; a veces, ni eso…
Los bares sacaban las mesas a calle. Cerveza caliente,
gaseosas de Inesita, media de vino, ‘cuartos’ de garrafón… La patulea se sienta
en la puerta del ‘Salamero’; ‘Gilena’, de camarero:
-
Qué va a ser…
-
Fanta, café con leche, gaseosa, coca cola, un vasito de
vino, yo… Una baraja de deseos.
Se
vuelve. No media, palabra, pide:
-
¡Pepe, ‘ten, pa tó’!
El muchacho, tímido. Estrenaba blusa de popelín blanca, con
botones de nácar y pantalón de alpaca que le había hecho Mariquita,‘la Costurera’. Poco dinero. Calle
arriba y calle abajo… Ella, avispada, en el centro, asidas de los brazos las
amigas. Formaban una trinchera inexpugnable…
-
Señorita, - cuando pudo, preguntó - ¿molesto?
-
Sí.
-
Po - armado de valor, exclamó – entonces, no me voy…
El paseo siguió. Se prolongaba. No había manera que la moza se colocase en uno de los extremos de aquella cuerda… Por no se sabe que conjuración de los astros la muchacha, por un momento, apareció allí. Era el lugar donde él podría hablarle, dirigirse a ella, decirle un balbuceo de palabras mal hilvanadas y adobadas con más nervios que hojillas tenía el taco del almanaque…
-
Niña, se atrevió a preguntar, ¿tú de dónde eres?
-
De Poca Agua, contestó, ¿y, tú?
-
De Poco Pan…
-
¡Qué buena carrera vamos a hacer nosotros!
Y la
feria seguía como la noria que daba vueltas y las cadenitas que, cuando la manivela se entusiasmaba, abría el cerco
más amplio y la voz del niño se ahogaba entre el griterío de la gente:
-
‘Hombre, para, para, que me da cosquillas en el pito…’
Y el
nombre de las cadenas no escuchaba.
Tampoco, el que empujaba las barquillas,
ni el de la ola que hacía sonar la
bocina y anunciaba el final del paseo y de la peseta - ¡qué poco duraba una
peseta! - y… quedaba ¡una menos! del presupuesto de la Feria.
Ahora, que
se ha ido la feria se incrementan los recuerdos. Por mor al miedo de los
incendios y a lo que viene después, el Ayuntamiento, se ha adelantado y ha suprimido
los fuegos artificiales. Este año, como todos, y mandan los cánones, toca un
helado de avellanas con churros y a deshojar el almanaque…
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