Agosto, 16 domingo
Arde, también, el Pirineo
oscense. Paisajes de ensueños, otoños dorados de encantamiento, veranos verdes
e inviernos de tiritar bajo temperaturas muy frías. Algo de eso puede ser parte
de un pasado que tardará muchos años en volver. Lo ha destruido el fuego.
Recuerdo un viaje no muy
lejano, rodeado por las cumbres más altas del Pirineo - Maladeta, Poset y Aneto
-, Benasque conservaba los valores de los pueblos del Alto Aragón: paisajes
increíbles; parajes solitarios, bucólicos y llenos de paz; montañas sierras, y
valles; ríos de aguas frías y cristalinas, lagos embalses; bosques y pequeñas
llanuras.
El hielo se precipita en aguas
bravas que saltan de peña en peña y forman pequeñas cascadas que alimentan el
Esera. A sus pies se asienta como una miniatura preciosa y precisa que en algún
momento teme romperse.
Casas oscuras de piedra seca y
tejados pizarrosos; muros horadados por pequeñas ventanas simétricas y puertas
con arcos de medio punto. El hombre ha sabido luchar contra la dureza del clima
pirenaico y se ha adaptado a su hábitat para ofrecer lo mejor que posee: nieve
y ocio; cura anti-estrés en los rigores del invierno o en los meses de
temperaturas placenteras en el estío.
Abedules; pinares y abetos;
hayedos y quejigos, revisten las laderas - verdes o blancas, según la
estación-, hasta bajar al sotobosque de rododendros, arándanos, helechos y
enebros.
El Esera se abre en un valle
ancho para, aguas abajo, unirse al Cinca. Va claro, cristalino y frío; en sus
orillas crecen olmos temblones de hojas tintileantes que parecen campanillas
para una carroza en día de Corpus. En ocasiones cede la vegetación y las
orillas se cubren de cantos rodados, arrastrados con las aguas del deshielo,
mientras que la carretera, estrecha y rodeada de prados, lo cruza una y otra
vez, en un caracoleo sin fin, para ir a morir, arriba, en una altura cercana a
los tres mil metros junto al pantano Paso Nuevo.
Los días de verano son
luminosos y radiantes; las noches frescas y, a veces, en cualquier paseo
nocturno, la presencia del gran San Bernardo pacífico y lleno de beatitud,
sorprenderá al forastero -pequeño gran susto de momento- con un ladrido propio
de bajo polifónico.
Cumbre de Salvaguardia. Valle de Benasque
No solo posee naturaleza viva,
Benasque es un bastión de historia. Aquí tuvo su sede el condado de Ribagorza,
y aquí supieron de luchas medievales contra sus vecinos los francos, del
Sobrarbe, del Pallars, o contra los musulmanes que llegaron hasta Huesca y que
han pervivido en reminiscencias de pequeños santuarios, en casas solariegas,
palacetes y residencias, señoriales que blasonaron de escudos añejos los
pueblos del Valle.
Vegetación de Benasque. Huesca.
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