Agosto, 13 jueves.
Málaga
se acababa en Atarazanas. Era aquella ciudad asomada a la bahía; el mar, poco profundo.
En la lejanía, los días claros, se veían las montañas del Riff, o sea África. De
hecho, la calle que permitía su acceso se llama, precisamente, Puerta del Mar.
¿Solo para que entrasen los barcos que ya no
pueden venir? No. ¿Solo para que se acercasen los que venían por los papeles
para navegar? Tampoco. Entonces, ¿el camino para llegar para las reparaciones precisas?
En absoluto.
El
espacio ganado entre lo que hoy conocemos como Alameda Principal y el Puerto
durante un tiempo se convirtió en una zona marginal, hasta que un grupo de vecinos
y comerciantes, con la anuencia del Ayuntamiento ideó que una Málaga que rompía
ataduras a un pasado decadente y provinciano tenía el sitio ideal para apostar
por algo nuevo, diferente y que no cabía en ningún otro lado de la ciudad. A
ese lugar se le iba a identificar con un nombre emblema en otras ciudades: el
Soho.
Hay
dos personas a las que Málaga quizá, les pagará tarde lo que han hecho por ella.
Los hermanos Antonio y Javier Banderas. Antonio, como emblema público de poner
su nombre sobre todas las cosas que sean buenas para su ciudad, para Andalucía
y España. Acuérdense de su estancia en EE. UU.
En
las sombras, su hermano Javier, la persona que trabaja y que como ahora se ha
proclamado campeón del Copa del Rey de Vela en Mallorca y no le da la menor
importancia… Cuando en Málaga hay gente que suena, por arte de birlibirloque,
como un chino en una lata, estos conquistan y conquistan y parece que es algo
tan normal como que a Málaga llegue el terral y el taró cada verano.
El
teatro Soho Caixaforum rompe moldes, contra viento y marea y aporta obras que
vienen de los mejores teatros del mundo, a Málaga, precisamente, a Málaga. Dos
personas irreductibles.
El
Ayuntamiento no se quedó atrás. En el antiguo Mercado de Mayoristas implantó el
CAC, Centro de Arte Contemporáneo, e hizo peatonal los tres ejes esenciales
Tomás Heredia, Casas de Campos y Trinidad Grund dignificado por el excelente palacio
del XVIII que fue el hogar de aquella excelente señora.
¿Se imaginan,
si el Metro, en lugar de tener la parada terminal en la Alameda Principal lo
hubiese tenido entre el Soho y la verja del puerto, en el Muelle de Heredia, al
final de calle Córdoba, por ejemplo? ¡Qué flujo humano habría dado aún más vida
a la zona!
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