Agosto, 26 miércoles
En
1914, el año de la Gran Guerra, Eduardo Montesinos y el maestro Padilla,
autores de letra y música, compusieron un cuplé universal: la Violetera.
Primero, la cantó Raquel Meyer; luego, el olvido. El rescate vino de la mano de
Sara Montiel.
Decía
aquella letra – y a mí me ha dado pie para el artículo de hoy – que “como ave
primorosa de primavera, en Madrid aparece la violetera”. El amor, la puñetera
sociedad, el flechazo entre un duque y la florista. Todo eso que sabemos que
viene en contra, no porque tenga que venir, no, no, sino porque nos empeñamos
que sea así y viene lo que viene.
En
primavera, por las tierras del sur, además de violetas, aparece una fruta, la
única fruta coronada. Tiene excelentes propiedades, la granada. Piel
resistente, color verde, puede aguantar en el tiempo y encierra un montón de
cosas buenas.
Se
crían en los bordes de las huertas, y en las lindes. Por aquí solo conozco una
plantación y está en Cártama- La fruta se bambolea al viento cálido del verano
y aguanta la calor. Cuelga de las ramas y por su peso y tamaño dan sensación de
que en cualquier momento puede desprenderse y precipitarse desde la altura a la
tierra. No hay miedo está bien asida.
Es
oriunda de Irán y su cultivo llega hasta el Himalaya. Hoy está – son muchas sus
propiedades – en todo el mundo. Al Mediterráneo pudo llegar en el siglo I d. C.
De hecho, desde el Estrecho de Gibraltar hasta el Oriente cercano es muy
conocida como fruto de mesa.
El
granado, después de pasar un reposo invernal desde finales de otoño en que
empieza a perder la hoja hasta finales de febrero donde comienza a ‘vestirse’
permanece con sus ramas desnudas.
Entrada
la primavera aparece el fruto. Se le conoce como granadillas. Sobre sus coronas
florecen pétalos de color rojo. No todo el fruto sobrevive. El árbol experimenta
un gran desescombro y mucho fruto va al suelo.
Madura
durante el verano, pero antes, en primavera, cuando ya ha cuajado, sufre una
enfermedad, la alternaria. La origina un hongo. Aparentemente no se ve.
Cuando llega el período de recolección, la sorpresa salta. Está preciosa por
fuera, pero su interior es de color negro, y no de perlas que simbolizan la
fertilidad, y ya no es comestible…
Es
muy rica en hierro, astringente y muy valorada en los países de clima seco por
su resistencia debido a su piel dura. Como la violetera, aparece para delirio
de amantes de las cosas excelentes.
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