Agosto, 12 miércoles
Frigiliana es pueblo morisco.
He vuelto. Estuve por allí a finales de junio. Necesidades
imperiosas nos hicieron dar media vuelta y regresar. Iba, entonces, con Manuela
y Antonio, su marido, amigos entrañables. Ella, cultura a flor de piel; él, médico
escritor en la línea de don Gregorio Marañón, López-Ibor, Laín Entralgo,
Vallejo-Nájera… No dejó nunca la consulta, plasmó la experiencia en hojas a modo
de diario, me confío su lectura; hoy, con mi familia.
Cuando llegues, si vienes de Torrox por la Loma de la
Lastra, bordea El Fuerte. Es pincelada blanca; la sierra de Almijara, al fondo; si te vas,
según el día, a pies el mar envuelto en
niebla o azul profundo, o reverberación plateada; depende de la hora.
Si gustas compararlo con los vecinos de enfrente me
recordó a Chef Chauen, pero con menos agua, más blanco y con más flores a las
puertas. Alhucemas, tortuoso y quebrado tiene
más terrazas planas.
Frigiliana ha sacado su historia - y la de la tierra
de Bentomiz, que para el caso es lo mismo - a la calle, y en mosaicos
artísticos cuenta, para quien disponga de tiempo de pararse a leerlos, parte de
los avatares sufridos.
Guerras de moros y cristianos; de sublevaciones y
avasallamientos; del apropiarse por parte de unos de lo que correspondía a
otros, que naturalmente defendieron con uñas y dientes.
Doce mosaicos colocados, en lugares estratégicos, por
Antonio Navas, a quien su pueblo rinde tributo en placa de cerámica y lo nombra
Hijo Predilecto - pero ya tarde, a título póstumo - dan cuenta de los hechos.
Si, como yo, preguntas quién fue el tal Antonio Navas,
al igual, te encuentras con la respuesta:
-‘Un hombre bueno que hizo mucho por su pueblo’.
Se trata de una recopilación de textos de Mármol y
Carvajal, Hurtado de Mendoza, Guillén Robles, Vázquez Otero, Caro Baroja, del
propio Navas Acosta, del Marqués de Mulhacén, Pérez de Hita, García Millán, o
el fragmento del discurso de Martín Alwacir..., hasta un total de doce.
O lo que es lo mismo, te dan a leer fragmentos de la
“Rebelión y castigo de los Moriscos”, “La Guerra de Granada”, “La Batalla de
Frigiliana”, “Guerras civiles en Granada”.
Frigiliana está en la ladera, a medio camino entre las
olas de nácar y la sierra. Es un abanico de flores y brisas; cal y amabilidad
de la gente; mucho cielo azul… Si como yo, aunque entres en la iglesia y
sentado en un banco buscas algo de fresco y, además, es mediodía de una tarde
de verano, pasarás calor, mucho calor. Hazme caso. Doy fe.
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