Santuario de Flores. Álora
Agosto,
15 sábado.
En
España se celebra la Festividad de la Virgen de la Asunción. Ciudades grandes,
pueblos o lugares recónditos se echan a las calles. Unos celebran la festividad
religiosa; otros, la lúdica. Antiguamente, cambiaba el calendario agrícola.
España
arde en fiestas y en fuego, del otro, del que quema, desde San Juan de la Peña
a Niebla; muchos lugares del territorio patrio están bajo el miedo del fuego.
Andalucía,
“Tierra de María Santísima”, comenzó con las celebraciones marianas allá por
abril. Encinasola, con “su Virgen de Flores” cuando aún no había traspuesto la
Semana Santa por las esquinas del pueblo; después, la provincia de Huelva se
echó, de romerías a sus ermitas y a sus tierras.
Por
Pentecostés vino el Rocío; la gente de la mar, por julio, con su Virgen del
Carmen y a mitad de agosto, con la celebración de la Asunción por muchos otros
sitios.
Nosotros,
en Álora, mi pueblo y el tuyo porque aquí cabemos todos, veneramos a la Virgen
de la Cabeza, como en Sierra Morena, a finales de abril y por la Natividad, a
la Virgen de Flores. Ya ves, nos adelantamos a la del Rosario, de octubre…
Decía
esta mañana, Lorenzo Orellana, en su mensaje, que la Asunción es un cántico de
fe. Afirmaba que el programa de Dios va en serio y el destino del hombre no es
la muerte sino la vida, “seremos llevados a la vida del Señor”.
Los
hijos de Encinasola trajeron consigo la devoción a la Virgen de Flores. En 1502, según la tradición oral la Reina
Isabel les entrega una imagen de la Virgen en Sevilla. Construyen primero una
ermita, sobre ella en 1590 se inician los trámites para levantar un convento
franciscano adscrito a los recoletos. Las obras comienzan en 1592. Fray Diego
Gómez, el primer padre Guardián; el último, fr. Antonio Estrada que entregó el
convento a los desamortizadores en 1935.
El
convento de Flores es una muestra de la arquitectura franciscana y de su
concepción del tránsito del hombre por el mundo. El santuario de cuadrado,
exento de adornos. Conciben la existencia del hombre sobre la tierra como un
tránsito.
El
arco toral da entrada a una segunda muestra que ya comunica con el Altar Mayor
y con el Camarín, octogonal, exhuberantemente adornado con yeserías donde se
recogen las advocaciones a María en el Antiguo Testamento.
Bajo
él, la cripta. Allí recibían sepultura los religiosos. Curiosamente solo tienen
16 enterramientos. Las de la parte superior de los nichos enlazan con la
sustentación de camarín. Por María, tras el transito por lo vida, se alcazaba
la plenitud del gozo en el cielo.
Si has llegado al final de este artículo te
habrás podido preguntar el por qué hablar de una advocación si hoy celebramos
‘otra’. Muy sencillo: por María, a su Hijo…
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