Agosto, 31 lunes
En
Madrid, capital del Reino y rompeolas de las Españas como la llamó don Antonio
Machado se cuecen historias, relatos, peripecias y cosas curiosas que la hacen
aún más peculiar.
Desde
sus orígenes se va enredando todo lo relacionado con la imagen del Cristo de
Medinaceli y con su devoción. En el siglo XVII lo frailes menores capuchinos la
encargan a un cordobés, Juan de Mesa, probablemente el más grande imaginero de
cuantos han trabajado en Sevilla.
Los
frailes la llevan a La Mamora, actual Mehía, en Marruecos, conquistada por lsa
tropas españolas en 1614. Años después, la ciudad vuelve a manos musulmanas.
Muley Isamil la lleva a la ciudad de Mekines. La profanan, la arrastran por las
calles. Se mofan.
Dice
la leyenda que un fraile trinitario ve lo sucedido e interviene ante el sultán
y ofrece pagar en oro, su peso. Acceden a la venta y curiosamente la imagen
pesó menos de lo que esperaban. Un escapulario de los trinitarios (indicaban
que habían pagado) es su salvoconducto. En Madrid en la mediación de 1682 lo
reciben con gran alborozo. Se crea la Congregación de los Esclavos de Jesús
Nazareno.
En
un terreno cedido por la Duquesa de Medinaceli se construye una capilla, de ahí
su advocación, más conocida que la canónica. Durante los acontecimientos contra
la Iglesia de los años treinta para evitar su destrucción lo lían en sábanas y
lo ocultan en el sótano.
Descubierto,
posteriormente, se hace cargo de la imagen la Junta de Incautación y protección
del Patrimonio Artístico. Pasa por los sótanos del Misterio de Hacienda y San
Francisco el Grande; después a Ginebra (Suiza) con un conjunto de obras de
arte. En mayo de 1939 vuelve a Madrid a su actual lugar de veneración.
Se
le conoce como el Señor de Madrid. Su devoción se extiende por toda España. En
Málaga se venera en la iglesia de Santiago, primera catedral hasta que pudo
celebrarse culto en la actual de la Encarnación; en Álora, en la iglesia de la
Vera Cruz. El primer viernes de marzo los feligreses acuden a Él, de manera
mayoritaria. Se le piden tres favores y se tiene la convicción de que les será
concedido, uno.
Cada vez que voy a Madrid y puedo me paso por
su Basílica en el distrito Centro y le pido que nos conceda lo que más falta nos haga.
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