Dicen que hace un frío que Dios tirita. Es verdad. Media
España – y la otra, casi también - está
temblando. Hace frío. Mucho frío. Las imágenes que vienen de otros lugares
muestran algo que por aquí, tan abajo, está bonito de verlo, pero por la
televisión.
No estamos acostumbrados a tanto frío. No cierran bien las
ventanas, tienen rendijas las puertas, no encajan las juntas de los bastidores
y un vientecillo que congela se mete por las rendijas y hace que los pies se
queden helados y que guste la chimenea. No son días de hablar de abanicos
aunque se sientan algunos bochornos. Cada cosa tiene su tiempo.
Lo que parece que no tiene fecha de caducidad – ni porque
sea año nuevo – son las chapuzas y las cosas que no se hacen bien. O mejor, que
se hacen mal aunque parezca un juego de palabras o un contrasentido.
Estarán ustedes ahítos de las dichosas campanadas que fueron
y que no fueron. Canal Sur ‘la nuestra’ y
todas esas cosas que nos venden pues ya saben… Que alguien se equivoque es de
humanos, pero que lo que imperen sean las chapuzas, entonces eso tiene otro
nombre.
Cuando a los andaluces nos dan un palito de ese tenor nos quedamos tan helados
como el campo esta mañana en la carretera de Los Llanos. Los quitamiedos eran
el refilo donde se afilaba la escarcha. ¿Tan difícil es hacer las cosas
medianamente bien?
Hace frío, mucho frío. Ha entrado un año nuevo en Occidente
– otras culturas tienen otros calendarios – ojalá no nos hiele, también, por
dentro. Que todo quede en un puro rechifleo en los carnavales que ya casi
llaman por las esquinas.
Ojalá todos los malos augurios tengan poco porvenir y desde
ya la que impere sea la temperatura de la solidaridad, el entendimiento y la
buena voluntad y, si de paso se hacen las cosas un poquito mejor…
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