Álora, río Guadalhorce a su paso por el pago rural de Los Llanos
Mayo, 27 miércoles
En
el pueblo no estaban, todavía, las calles puestas. Los hermanos Hierrezuelo -Antoñín
y Joaquín - ya habrían llegado desde pescadería con su porte de sardinas de plata,
calamares frescos, jurelitos saltarines y merluzas de nácar; Paca, la de las
Caballerías, (o sea mi madre) ya llevaba un rato con el medio litro de la
leche en la mano y más de un mozalbete habría venido por su ración de tabaco; Catalina,
la de Juanico Díaz, vendía el pan mañanero y verduras; las campanas de la
iglesia llamaban a la misa primera...
Por el
Madrugrón pasaba la segunda o tercera ronda - tengo perdida la cuenta -
de coñac, un Machaco y manzanilla del Hacho con un chorreón de limón; Pepe,
Chispa, en el Potro habría servido
más de un café con leche, más de una copa de Anís, más de una Palomita y Rocío rebanadas de
lomo en manteca. Rocío, desde que te nos fuiste, como esas, ninguna. ¡Palabrita
del Niño Jesús!
Esta
mañana he llegado temprano, muy temprano al campo. Me acerqué a la orilla del
río. El sol hacía un rato que había aparecido por los Lagares. Yo, absorto, miraba
cómo se iba el agua; recordaba lo relatado en el preámbulo de este artículo…
Pajarillos
sin nombre daban un concierto bellísimo. Una sinfonía que solo se disfruta a la
orilla del río, una mañana, bien entrada la primavera. A vuelapluma, identifiqué
jilgueros, chamarines, verderones, y un mirlo despistado que tocaba ese trombón
que solo tocan los mirlos cuando pretenden imponer su mando en plaza. Qué ilusos,
¡si con la gente menuda no hay quien pueda!
Algún
cabrero a su paso por la orilla cualquier tarde de estas o una ráfaga fuerte de
viento ha tronchado unas cañas. Tan endebles y como resisten las noches huracanadas
de invierno cuando silva el viento en los tejados y se esconden los gatos en el
pajar y ellas, las cañas, soportan la fuerza de lo que se les viene y ven como
troncha troncos y ramas de árboles…
Mi
río nos la ha hecho pasar malas, muy malas. Dicen que fue un día en que a Dios
se le fue la mano. No sé. A lo mejor había otra lectura y ustedes saben… Esta
mañana entre arboleda de ribera regalaba belleza, quietud, invitaba a no irse y
entonces me acordé del maestro Barbeito cuando escribió: “sería de mi gusto
quedarme aquí, a la orilla del río, junto a la música del agua y hacer un
amplio retrato de lo que veo”. Pero, maestro, de entrada, te digo que tú estás
tocado con la Gracia Divina…
No hay comentarios:
Publicar un comentario