Mayo, 14
jueves.
Conforme
se enfila la autovía de las Pedrizas, a la salida de Málaga, hacia el interior,
al poco de pasar el nudo de carreteras que desvía el tráfico para la ciudad o
para la costa, en sus dos versiones, ahí está el jardín que va caballo entre la
belleza y el ensueño.
¿Qué por
qué está ahí? Como todo en la vida tuvo un principio. Junto al Camino de
Casabermeja, vivía en el siglo XIX Manuel Agustín Heredia; los terrenos de
enfrente estaban vacíos. Se los regaló a su hija, Amalia Heredia Livermore,
casada con Jorge Loring Oyarzábal. En 1855 comenzaron a formar el más bello
jardín de Málaga. Los expertos dicen que también de Europa...
Cantidad
de especies vegetales traídas por los capitanes de los barcos de la flota de
Heredia que venían de América, de Asia y África, conocedores de la afición a
las plantas de las propietarias, su madre Isabel Livermore y ella, les obsequiaban
con plantas y semillas como regalos especiales y únicos.
En la
finca de enfrente, en la que hoy conocemos como San José vivían sus padres.
Allí estaba la nodriza que surtía de belleza a los dos jardines. Posteriormente
lo hizo con otros de la capital y sus aledaños. La muestra más notoria el
parque de Málaga al que muchos aficionados lo llaman, Jardín Botánico…
El
catálogo de plantas tiene censadas más de cinco mil quinientas especies
(tampoco es cuestión de contarlas); más de cien de palmeras, glicinias
trepadoras, dragos, ficus, magnolios, bambúes, coníferas, plantas medicinales….
El
jardín tiene la belleza propia de las cuatro estaciones del año. En primavera
es la eclosión de la vida. Cientos de pajarillos anidan en su frondosidad.
Rodeado de silencio y embrujo, mientras se pasea por sus caminos es algo de
ensueño.
El
otoño pone la sinfonía de oro viejo en las hojas de los plátanos orientales. Las
bambolea el viento, caen despacio, sin prisa; alfombra el suelo de la manera
como solo lo saben hacen estos árboles y desnudos reciben el invierno que les
llega poco a poco…
Las
cascadas de agua y los estanques dan frescor en verano. El senador cubierto de
glicinias pone un punto diferenciador. Se sabe que allí, bajo ellas, se
escribieron páginas de la Historia Económica y Política de España. La
temperatura interior por todo el jardín pone una nota diferenciadora. Propicia
una acogida placentera y uno deja pasar el tiempo sin prisa, solo con ese
sentir interior que le hace saber que está en un lugar especial creado por el
hombre, el único ser de la Creación “a semejanza de Dios”.
- Pepe ¿Cómo
está aquí, me dice Santiago, este paraíso?
- Ya
ves, cosas que pasan…
No hay comentarios:
Publicar un comentario