Crucero infestado por el ‘dichoso’ virus alejándose de
las costas africanas frente a Cabo Verde
Mayo, 8 viernes
Cuando niño,
entre la gente menuda, corría una canción los días que íbamos de asueto a algún
sitio que se salía de lo normal. La chiquillería cantaba: por el mar corren
las liebres por el monte las sardinas…
Algo
insólito, pero ante la alegría de romper la tenaz monotonía de lo que tardaba
en pasar el tiempo, aquello tenía un sabor diferente, distinto. No sé quién se
habría inventado el libreto y la música. Eran malos; nosotros, peores cantores.
Nos dábamos la mano en la alegría desbordada de la infancia.
Hoy,
dicen las noticias, que por el mar corre otra cosa. Lo llaman crucero. Iban a
comerse el mundo de las bellezas desconocidas y un bichito que solo se ve en
los microscopios ha formado un lío y bueno. Habían partido del sur del sur de
Argentina. Dicen que allí se acaba la tierra y hacia abajo, o sea, hacia el
Polo Sur, agua - embravecidas, hielo y el fin del mundo - le pusieron por
nombre la Antártida donde dicen que hace frío hasta verano.
Pues
bien, un ratoncillo que dicen que vive en la Cordillera de los Andes, esa que
separa, como si fuera una espina dorsal, pero echada hacia un lado, Argentina
de Chile, la ha liado. Es portador de un virus. Alguien ha pisado sus excrementos.
No saben si fuera o dentro del barco. Puede que el ratón haya querido
embarcarse con ellos y andar medio mundo, aunque sea por por el mar. Ya hay un
puñado de muertos y lo que te rondaré morena.
Es un
barco de apestados. No los quiere nadie. Los pobres, porque como son pobres,
dicen que no tienen medios para hacerles frente a lo que se les viene encima; los
ricos, porque como son ricos, a ellos esas cosas como que no, y que con su pan
se lo coman.
Nunca
he visto a tanta gente pontificando y con tanto saber oculto como estos días en
los medios de comunicación. ¡Dios Santo, qué poderío! Arremeten contra lo divino
y lo humano. Naturalmente, alumbran en la procesión según les va por la teta.
Todavía no se sabe sin son tirios o troyanos. Lo cierto es que por el mar azul
( algunos se han enterado ahora donde está la isla de Santa Elena, que saben
que les suena pero no saben de qué) navega hacia las Islas Canaria un barco,
que no es un barquito velero y que está claro que no va, ni para Almería, ni
para Cartagena…
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