Mayo, 6 miércoles
En algún lugar lo he leído. Con
el tiempo, decía, hay que saber que no es lo mismo asirse una mano con la otra,
que encadenar el alma. ¿El alma, lo que nos hace diferentes? Todos tenemos
nuestra alma y ‘nuestro almario…’
Uno empieza a aprender (no lo
consigue nunca). Y sabe más de derrotas que de victorias. Porque, en el fondo,
¿qué es lo uno y qué es lo otro? En la materialidad, nada; en lo espiritual una
equivalencia entre ambas. Dicen, que al final, solo nos examinarán de amor…
Empezamos a andar el camino.
Pensamos que elegimos el camino. Nuestra prepotencia nos obnubila. Creemos que hemos elegido y hemos descartado
otros. A veces, cuando ha pasado eso que llamamos tiempo sabemos que no fue así.
Pensábamos que sí, pero, no. Nos autoengañamos; nos interesaba. Pones la lupa
sobre algunos momentos y te das cuenta que no fuiste tú. Fue Alguien que te lo
tenía marcado. No lo percibíamos en aquel momento...
Anduvimos senderos. En
ocasiones tortuosos; otras, de esa manera que llamamos placenteros y momentos
que ni lo uno, ni lo otro, simplemente, caminábamos bajo las estrellas de las
que desconocemos sus nombres; bajo el sol o bajo luces de neón. Le ponemos
nombre: éxitos. Yo, yo, yo… Todo ficticio. Todo efímero. Marcamos un
impresionismo en nuestro interior difuminado, lleno de matices, colores,
sobresaltos, asombros… Un día vimos la ilusión. Un bosque, impenetrable. Quisimos
perpetuarlo. Imposible. Ya no hay más fotografías.
Y así, día a día. Se arrancan
las hojas del calendario. Pasan días, semanas, años…Romero San Juan, lo
cantaba: “Y no has notado que has vivido cuando pasa la vida” Pero,
si yo he estado, a caballo, entre dos milenios, te dices. Nadie responde. Lo
que creías que era tu tiempo es de otros. Y cuando te das cuenta que cuando
quieres aprender a seguir aprendiendo ya eres de otro tiempo.
Con el paso de los años sabes
que el calor del sol, cuando está en su cenit, quema. La protección de la piel
la venden en la farmacia; ¿la del alma? Uno, porque somos – creemos – libres,
tiene que averiguarlo por sí mismo.
Tienen mala literatura la
soledad buscada, el silencio que habla (el otro, no; el otro, no existe y si
existe es dañino, como la soledad no deseada). Es la naturaleza que habla, es
la belleza del campo, es la gente de ese medio mundo que anda “buscando con una
flor en la mano y la otra mitad del mundo por esa flor deseando”. Es Dios; no
es fácil. Seguro, que no.
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