miércoles, 6 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aprendiendo

 



Mayo, 6 miércoles

 

En algún lugar lo he leído. Con el tiempo, decía, hay que saber que no es lo mismo asirse una mano con la otra, que encadenar el alma. ¿El alma, lo que nos hace diferentes? Todos tenemos nuestra alma y ‘nuestro almario…’

Uno empieza a aprender (no lo consigue nunca). Y sabe más de derrotas que de victorias. Porque, en el fondo, ¿qué es lo uno y qué es lo otro? En la materialidad, nada; en lo espiritual una equivalencia entre ambas. Dicen, que al final, solo nos examinarán de amor…

Empezamos a andar el camino. Pensamos que elegimos el camino. Nuestra prepotencia nos obnubila.  Creemos que hemos elegido y hemos descartado otros. A veces, cuando ha pasado eso que llamamos tiempo sabemos que no fue así. Pensábamos que sí, pero, no. Nos autoengañamos; nos interesaba. Pones la lupa sobre algunos momentos y te das cuenta que no fuiste tú. Fue Alguien que te lo tenía marcado. No lo percibíamos en aquel momento...

Anduvimos senderos. En ocasiones tortuosos; otras, de esa manera que llamamos placenteros y momentos que ni lo uno, ni lo otro, simplemente, caminábamos bajo las estrellas de las que desconocemos sus nombres; bajo el sol o bajo luces de neón. Le ponemos nombre: éxitos. Yo, yo, yo… Todo ficticio. Todo efímero. Marcamos un impresionismo en nuestro interior difuminado, lleno de matices, colores, sobresaltos, asombros… Un día vimos la ilusión. Un bosque, impenetrable. Quisimos perpetuarlo. Imposible. Ya no hay más fotografías.

Y así, día a día. Se arrancan las hojas del calendario. Pasan días, semanas, años…Romero San Juan, lo cantaba:Y no has notado que has vivido cuando pasa la vida” Pero, si yo he estado, a caballo, entre dos milenios, te dices. Nadie responde. Lo que creías que era tu tiempo es de otros. Y cuando te das cuenta que cuando quieres aprender a seguir aprendiendo ya eres de otro tiempo.

Con el paso de los años sabes que el calor del sol, cuando está en su cenit, quema. La protección de la piel la venden en la farmacia; ¿la del alma? Uno, porque somos – creemos – libres, tiene que averiguarlo por sí mismo.

Tienen mala literatura la soledad buscada, el silencio que habla (el otro, no; el otro, no existe y si existe es dañino, como la soledad no deseada). Es la naturaleza que habla, es la belleza del campo, es la gente de ese medio mundo que anda “buscando con una flor en la mano y la otra mitad del mundo por esa flor deseando”. Es Dios; no es fácil. Seguro, que no.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario