jueves, 7 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Percheles

 

 

                                      

                                          Calle del Arco. (desaparecida) El Perchel. (Málaga)


Mayo, 7 jueves


Lo cita Cervantes en El Quijote. Solo por eso hay que descubrirse. Algo insólito, diferencial y distintivo de una ciudad como Málaga a la que se le pueden poner un montón de epítetos. De aquel barrio no queda nada o casi nada. Metamorfosis con viviendas por las que se pagan más de medio millón de euros…

El Perchel, barrio extramuros de la entonces ciudad constreñida por el Guadalmedina, nació antes, mucho antes. Julián Sesmero dice que existía en la Málaga romana. En su suelo se hicieron salazones.  Dieron nombre a uno de los productos propios de esta ciudad Mediterránea.

En Bolonia fabricaban el garun; en Málaga salaban el pescado, lo secaban colgado sobre un palo o una percha, ‘percheles’ y se ‘curaba con el tiempo. El olor desagradable no lo admitía la ciudad romana. Decidieron alejarlo. Lo colocaron al otro lado del río.

Los árabes siguieron el camino ya iniciado. En el barrio ‘industrial’ – por llamarlo de alguna manera – comenzó a congregarse gran cantidad de población. Mano de obra, se le llama hoy. Trabajaban en la confección de cítricos, en la vendeja, en las bodegas, en los derivados de la mar… Apareció el chulo de la calle que imponía su ley – mejor, la sin ley que era la suya- y dejaron de depender de la iglesia de San Juan.

Construyen una capilla, a San Andrés, patrón de pescadores. Se amplía y le da nombre a una parte de la zona y a la playa (a otra, más deteriorada, la bautizan como “El Bulto”, allí fusilan a Torrijos) San Pedro y Santo Domingo, convento dominico, con uno de los grandes obispos de Málaga, Fray Alonso de Santo Tomás, inyectan nueva vida.

No queda ahí la cosa, el convento del Carmen, es punto de excelencia, y el de San Carlos para “recoger a mujeres de la calle”, una aspiración social. Lorenzo Armengual de la Mota, también obispo, aunque nunca de Málaga y figura señera apuesta por mejorar su barrio. En el siglo XIX llega el ferrocarril.  Nace “la Estación”. Es el progreso.

Aparecen las cofradías Nuestra Señora del Mar, del Cristo de las Penas, de Jesús de la Buena Muerte, la del Chiquito o Misericordia “para socorro de los pobres enfermos, administrarles alimentos, medicina y Médico (10 de diciembre de 1791)”

Aquel Perchel se unía por el Llano a la Trinidad; luego, calle Mármoles, fue la arteria separadora; de Armengual de la Mota, hacia el Camino de Antequera, Zamarrilla, el convento de la Aurora hacia el pasillo de Guimbarda…

La ‘remodelación’ (¿?) urbanística del Perchel no ha sido afortunada. Es verdad que no había mucho que salvar, pero de ahí a entrar con el pico y la pala, hay un trecho. Han recuperado pinturas de algunos antiguos mosaicos. Señalaban la actividad de la zona; otros, los han inventado. Hoy ¿qué queda de aquellos nombres sonoros?: calle Ancha del Carmen,  Calvo, Cerrojo, Ríos Rosas, Isturiz, Pulidero, Zurradores, San Jacinto…

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