Mayo, 7
jueves
Lo cita
Cervantes en El Quijote. Solo por eso hay que descubrirse. Algo insólito,
diferencial y distintivo de una ciudad como Málaga a la que se le pueden poner
un montón de epítetos. De aquel barrio no queda nada o casi nada. Metamorfosis
con viviendas por las que se pagan más de medio millón de euros…
El
Perchel, barrio extramuros de la entonces ciudad constreñida por el
Guadalmedina, nació antes, mucho antes. Julián Sesmero dice que existía en la
Málaga romana. En su suelo se hicieron salazones. Dieron nombre a uno de los productos propios
de esta ciudad Mediterránea.
En
Bolonia fabricaban el garun; en Málaga salaban el pescado, lo secaban colgado
sobre un palo o una percha, ‘percheles’ y se ‘curaba con el tiempo. El olor
desagradable no lo admitía la ciudad romana. Decidieron alejarlo. Lo colocaron
al otro lado del río.
Los
árabes siguieron el camino ya iniciado. En el barrio ‘industrial’ – por
llamarlo de alguna manera – comenzó a congregarse gran cantidad de población.
Mano de obra, se le llama hoy. Trabajaban en la confección de cítricos, en la
vendeja, en las bodegas, en los derivados de la mar… Apareció el chulo de la
calle que imponía su ley – mejor, la sin ley que era la suya- y dejaron de
depender de la iglesia de San Juan.
Construyen
una capilla, a San Andrés, patrón de pescadores. Se amplía y le da nombre a una
parte de la zona y a la playa (a otra, más deteriorada, la bautizan como “El
Bulto”, allí fusilan a Torrijos) San Pedro y Santo Domingo, convento
dominico, con uno de los grandes obispos de Málaga, Fray Alonso de Santo Tomás,
inyectan nueva vida.
No
queda ahí la cosa, el convento del Carmen, es punto de excelencia, y el de San
Carlos para “recoger a mujeres de la calle”, una aspiración social. Lorenzo
Armengual de la Mota, también obispo, aunque nunca de Málaga y figura señera
apuesta por mejorar su barrio. En el siglo XIX llega el ferrocarril. Nace “la Estación”. Es el progreso.
Aparecen
las cofradías Nuestra Señora del Mar, del Cristo de las Penas, de Jesús de la
Buena Muerte, la del Chiquito o Misericordia “para socorro de los pobres enfermos,
administrarles alimentos, medicina y Médico (10 de diciembre de 1791)”
Aquel
Perchel se unía por el Llano a la Trinidad; luego, calle Mármoles, fue la arteria
separadora; de Armengual de la Mota, hacia el Camino de Antequera, Zamarrilla,
el convento de la Aurora hacia el pasillo de Guimbarda…
La ‘remodelación’
(¿?) urbanística del Perchel no ha sido afortunada. Es verdad que no había
mucho que salvar, pero de ahí a entrar con el pico y la pala, hay un trecho. Han
recuperado pinturas de algunos antiguos mosaicos. Señalaban la actividad de la
zona; otros, los han inventado. Hoy ¿qué queda de aquellos nombres sonoros?:
calle Ancha del Carmen, Calvo, Cerrojo,
Ríos Rosas, Isturiz, Pulidero, Zurradores, San Jacinto…
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