Río Guadalhorce por Álora
Mayo, 20 miércoles
El escritor andalusí al-Saqundi, decía, en el siglo
XIII que dos ríos llevaban, desde el alfoz de la ciudad, hasta Málaga en la
orilla del mar azul. Es el mismo mar de Ulises, el que baña las costas de
África, allá en la lejanía o las de este lado, en el sur de Europa. Eso no lo
decían los escritores de aquel tiempo, pero se lo digo yo.
El Guadalhorce viene de lejos. Nace en puerto de los Alazores; el
Guadalmedina, en los límites del Campo de Cámara. No se han puesto aún de
acuerdo en el significado del ‘horce’ del primero; lo de
‘guadal’ sí queda claro. Hay quien lo llama río del trigo; otros, río de aguas
cristalinas; otros, río de ‘encuentros’. Si les digo la verdad, no sé con cual
quedarme.
¿Trigo? Es verdad que lo había en la vega de Antequera por donde pasa el
río desde Archidona hasta Bobadilla, donde da un giro inesperado y el río que
iban hacia el Atlántico dice que no y se viene al Mediterráneo. No es fácil ni
el camino ni la fractura del murallón de caliza que tiene que atravesar para
dejar unos de los lugares más bellos y sobrecogedores que uno puede encontrarse
en su andar por esos mundos de Dios.
¿Aguas cristalinas? No sé qué decirles. Sus aguas son claras excepto cuando
las crecidas de otoño con los arrastres se vuelven turbias y feas, muy feas; el
estiaje – o sea, el agua que lleva el río en verano, es muy grande por lo que
hay zonas donde incluso aparece seco.
En cuanto a río de ‘encuentros’… Hay que rizar mucho el rizo. Es el río más
importante de la Cuenca Mediterránea, es verdad, pero solo recibe a Río Grande
que viene de la Sierra de las Nieves en el Parque Nacional, en Yunquera y el
Campanillas, por la izquierda que no es un río que rompa moldes…
El Guadalmedina es el río de la Ciudad. Viene de lejos pero su caudal es
muy pobre. No tiene afluentes que lo engrosen a lo largo del recorrido. Sus
crecidas, sobre todo en otoño, eran temidas.
El pantano del Agujero, ya casi en las mismas puertas de Málaga, sirvió de
regulador. Solo permitía el paso del agua con una oquedad, en su muro, que río
podía admitir en su cauce desde Ciudad Jardín hasta la playa. Se terminó el
toque de campanas de la catedral y de las iglesias en las madrugadas como aviso
a los vecinos.
Años después el pantano del Limonero ha servido de fuerte contenedor…
Caminos desde el interior hacia la Ciudad, Ciudad del Paraíso la llamó
Aleixandre… ¿Por qué será?
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