Mayo, 18 lunes
¡Qué bonito, qué bonito! Cuando subíamos, esta mañana, a las Mesas de
Villaverde, además del tomillo - que rebrota al abrigo de la primavera - ya
estaba el romero en flor y apuntaba el almoradux. La mano de Dios lo ha
sembrado a voleo y capricho...
De lejos, el río, se iba escondido entre las huertas. Buscaba la mar
soñada, anhelada, deseada, como se desea a la amante la noche de luna que rompe
abril, como se desea que se cumplan los imposibles… Ya se sabe. “El Dorado
siempre está un poco más allá de donde nosotros podemos llegar”.
Detrás de los montes aquellos que dicen de Málaga y, entre la bruma,
está la mar. No sé ve. Sabemos que está, que es azul y de olas plateadas.
Llegan, dejan besos de amor en el rebalaje y se van. Esa mar, también, es mar
de silencio y tumba. Hombres que huyen del hambre y la miseria y creen, otra
vez… El dorado... ¡Ya sabes!
Por aquellos montes, de enfrente, en caliza pura, se quiebran los
vientos fríos. Vienen del norte. Abajo, en el valle, se asienta antes que en
otros sitios la primavera. Están de antojo los almendros hardaleños; de
provocación, los ciruelos. Orgía de abejas en tropel ¿Quién llegará primero?
¿Has visto? Ya huele el aire a cebadas maduras.
Por los cerros de Bombíchar trepan olivos centenarios. Retorcidos.
Apuntan a trama nueva. Dentro de unos meses serán aceitunas y por San Juan…,
no, aún no estarán llenas de aceite que es vida, que es ungüento y bálsamo;
perfume y sueño de molino y compañía a la hogaza de pan…Bendita aceituna nueva.
Por allí… Teba y la campiña y Campillos y la laguna y Los Mapaganes y
las sierras del Sur de Sevilla. Ahí, entre los pinos, ruinas en piedra.
Matagallos, sabinas y mastrantos; salivitas del Señor, piñas en las ramas y en
suelo. Se han subido los espárragos. Mil años de historia. Sueños de hombres a
los que les vino chico su tiempo y, nosotros, en la cumbre, veroniqueando con
el viento; es un lugar para desgranar versos. ¡Qué suerte, qué suerte!
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