Mayo, 25 lunes
“Por fin trajo el verde mayo / correhuelas y albacas…”. Lo dijo y escribió Miguel Hernández.
Mayo o el campo que, para el caso es lo mismo, está precioso. De cine. No de cine de Hitchcock, el del suspense, ese lo dejamos para la agricultura y la ganadería. No saben por dónde tirarse. Es el otro cine, el que deja el alma henchida y no constreñida en un puño.
Ya han virado las cebadas tempranas. Llaman a la hoz del segador que desmoche espigas: “de segar de los secanos ya vienen lo segadores / de segar de los secanos / de beber agua de pozo / toda llena de gusanos”. Y barcinas, con blandura y espera en la era a que se levante la marea. Espera larga bajo los palos mal trazados del chozajo…
Titilan los chopos. No se ve. Desde el soto del arroyo sube el arrullo de una tórtola. No debe tener el nido muy lejos. Arrulla en esas horas lentas, cansinas, soporíferas de la siesta. En el campo, por un rato, se hace el silencio de los otros pájaros…
Mayo, me evoca, también, de cuando niño, las tardes del mes de María con azucenas en tarros de cristal, margaritas y rosas bajo una estampa desleída y vieja. Reproducía la Inmaculada de Murillo; las voces blancas cantaban: “Venid y vamos todos”; después, cuando uno descubrió la literatura supo de aquel romance triste, muy triste que decía “que era por mayo, por mayo cuando hace el calor…”
De grande, a veces, uno se
pierde y, apenas si sabe ya con mayo deberá quedarse…
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