jueves, 28 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Llueve, llueve y llueve...

 



Mayo, 28 jueves


Así decía aquel poema, a modo de balada. Lo cantaba Joan Manuel Serrat. Éramos jóvenes; creíamos en muchas cosas. Nos hacía soñar; repito éramos jóvenes y, creíamos, que algunas cosas tenían arreglo. Hablada de pardos tejados, de campos y de chopos deshojados. Hablaba de la tristeza del poeta que veía irse un otoño.

Esta mañana, muy temprano, me he ido al campo. Cantaban, como todas las mañanas, los pájaros. El campo está que rompe por todas partes. Se han bajado los verdes de las cumbres. Ya amarillea a ras del suelo y, se agostan las primeras florecillas. Anuncian verano, o lo que es lo mismo, proclaman que "por aquí mil gracias derramando pasó..." un año más, como quien no lo quiere y ahora nos prepara el cuerpo para noches en blanco y días tórridos.

Asolan las noticias de la miseria humana; la poca vergüenza de los que han metido la mano en la caja y les quitan el bocado de pan a los que ya, de por sí, tenían poco y, ahora, menos; los que jugaron con la vida de gentes anónimas.

"Cantan. Cantan / ¿Dónde están los pájaros que cantan?" Se preguntaba Juan Ramón. Yo los intuyo en los sotos del río, entre las hojas de los limoneros ahítos de hojas nuevas y frutos que abren a la cosecha del año venidero,  entre el verde claro en los cañaverales. Me paro. Los escucho. Me quedo quieto. ¡Qué sé yo!

Estoy con Juan Ramón: "Yo no sé dónde cantan / los pájaros -cantan, cantan- / los pájaros que cantan" en esta mañana cuando abría un día luminoso, y yo se lo agradecí a Dios. No era mérito, simplemente, agradecimiento Uno es muy cumplido.

 El río, de espaldas al pueblo, entre vegetación de ribera, seguía su curso camino de la mar azul…

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