Mayo,
28 jueves
Así
decía aquel poema, a modo de balada. Lo cantaba Joan Manuel Serrat. Éramos jóvenes;
creíamos en muchas cosas. Nos hacía soñar; repito éramos jóvenes y, creíamos,
que algunas cosas tenían arreglo. Hablada de pardos tejados, de campos y de
chopos deshojados. Hablaba de la tristeza del poeta que veía irse un otoño.
Esta
mañana, muy temprano, me he ido al campo. Cantaban, como todas las mañanas, los
pájaros. El campo está que rompe por todas partes. Se han bajado los verdes de
las cumbres. Ya amarillea a ras del suelo y, se agostan las primeras
florecillas. Anuncian verano, o lo que es lo mismo, proclaman que "por aquí mil gracias derramando
pasó..." un año más, como quien no lo quiere y ahora nos
prepara el cuerpo para noches en blanco y días tórridos.
Asolan
las noticias de la miseria humana; la poca vergüenza de los que han metido la
mano en la caja y les quitan el bocado de pan a los que ya, de por sí, tenían
poco y, ahora, menos; los que jugaron con la vida de gentes anónimas.
"Cantan.
Cantan / ¿Dónde están los pájaros que cantan?" Se
preguntaba Juan Ramón. Yo los intuyo en los sotos del río, entre las hojas de
los limoneros ahítos de hojas nuevas y frutos que abren a la cosecha del año venidero,
entre el verde claro en los cañaverales.
Me paro. Los escucho. Me quedo quieto. ¡Qué sé yo!
Estoy
con Juan Ramón: "Yo no
sé dónde cantan / los pájaros -cantan,
cantan- / los
pájaros que cantan" en esta mañana cuando abría un día luminoso,
y yo se lo agradecí a Dios. No era mérito, simplemente, agradecimiento Uno es
muy cumplido.
El río, de espaldas al pueblo, entre
vegetación de ribera, seguía su curso camino de la mar azul…
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