Maneras de pedir un ´Café’ en
Málaga
Septiembre, 2 miércoles
Málaga
se nos va haciendo demasiado grande. En el último tercio de siglo XX, por
motivos políticos, le segregaron Torremolinos. En un principio aquello suponía
un frenazo para la ciudad provinciana. Al mismo tiempo un empujón para otra
ciudad de Andalucía, Sevilla que con la capitalidad podía iniciar un despegue
imparable.
Málaga
se puso las pilas. Ya se sabe, somos según el aforismo popular “gente de
Málaga” más despectivo que de reconocimiento. El pueblo, a su aire. De no tener
plazas hoteleras, a un crecimiento de hospedajes, casi incontables.
Somos
de otra manera. No tenemos un puerto. No. Tenemos, tres, en uno. El de los
trasatlánticos, el de carga y descarga de toda la vida (en uno de sus muelles
atraca el “Melillero” ese barco, correo con Melilla y sin el que Málaga
perdería parte de su identidad). Y, el
de yates de lujo, un poco más allá del muelle uno, ese paseo genial para
tomar el sol de invierno.
No
tenemos un parque al estilo de los parques europeos. El Jardín de Luxemburgo en
París, el Retiro de Madrid o Hyde Park en Londres. No, no. Tenemos tres
jardines que son tres joyas de la botánica: el Retiro, en Churriana, la
Concepción a la salida por la autovía, que para nosotros sigue siendo “la
carretera de las Pedrizas” y el Parque. En el centro de la ciudad. Lejanos
entre sí, pero, tan próximos en belleza y contenido que se dan la mano para
jugar a la rueda las tarde de primavera.
No
tenemos, como tienen todos los puertos de mar un faro que alumbre en las noches
tenebrosas. No, no. Tenemos una ‘farola’ centenaria y a pie de un monte
que ese sí, ese, dijeron, que se iba a llamar Gibralfaro. O sea, la luz (faro)
que alumbrará desde la roca. Entre la farola y el monte una plaza de toros,
también, centenaria. Tomó el nombre del barrio, La Malagueta. Por su sombra pasaba
el tren de vía estrecha. Ya no está, Iba
hasta Ventas de Zafarraya. Era muy especial. Uno de sus tramos, de cremallera,
según la copla: “que soy como el tren de Vélez / en cayendo cuatro gotas /
se le mojan los papeles”.
Tenemos
nuestra manera de pedir el café. Más café que leche: Solo, largos, semilargo, corto,
mitad. Más leche que café: Entrecorto, corto, sombra, nube, no me lo pongas (el
favorito para hacer amigos). El Café Central los plasmó en un mosaico; el P. Laureano
Manrique, los tradujo al ¡latín! ¿Quieren más? Lo hay
Una
mañana temprano en la barra del Central, dos chicas jóvenes se dirigen al
camarero.
-
Queremos un café, pero no está en el mosaico…
-
Díganme.
- Muy
poco café, que sea grande y tenga mucha agua…
-Ustedes,
lo que quieren es un café americano.
¡Qué
arte, Dios mío! Recuerdo al maestro Alcántara: “Por la mar chica del puerto
/ andan buscando los buzos / la llave de mis recuerdos” Me salgo y me echo
a andar por las calles solo…
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