Septiembre,
25 viernes
Hoy
hace un día de aúpa. Como ayer, como anteayer... Esta mañana, el hombre del
tiempo de la televisión, predijo para Córdoba 40º; nosotros, de nosotros
obviamente no habló, andamos por 36º en el termómetro del coche.
Acabo
de llegar del campo. Me he encontrado con un conocido. Se lo comentado a un
conocido y me ha dicho que eso es al sol.
Le he contestado, prudentemente. No cabía otra cosa. Bueno, si cabía,
pero era romper el platito pintado:
- Es
que yo, por la carretera suelo circular por la sombra…
No
es recurso hablar del verano y del calor. Vamos, del tiempo. No es que hace el
calor que tiene que hacer en la sanmiguelá, o sea el propio, día arriba
o día abajo, por la festividad del Arcángel San Miguel ese que dicen que
encadenó al diablo.
A
lo mejor habría que pedirle que se dé una vuelta por algunos lugares de la
tierra. Antes de actuar debería mirar el color del pelo a algunos. Lo digo para
que se confunda, no sea que se equivoque
y que encadene a otro y deje suelto a quien debe sujetar.
Se
ha levantado ya mucha gente de las playas. En Ceuta no, en Ceuta los han
echado. Quería decir que han comenzado las clases, las actividades en los
trabajos y la gente una vez acabado el verano ha vuelto a sus casas.
El
mar no, el mar está donde siempre. No se quiere ir. ¡Y mira que le hacemos
perrerías! El mar tiene una belleza inusitada. El mar va y viene. Yo diría que
según qué hora del día ofrece un color, una tonalidad del nácar de sus olas. En
este caso es el brillo de la plata sublime y limpia.
El
cielo – el mar es el espejo donde se mira el cielo – está de un turquesa subido
que tiende a azul. Hoy, Dios ha recogidos a los angelitos temprano del recreo,
y ha debido ponerlos en otros menesteres. No se ve ni uno…
Me
acuerdo de la copla: “Adónde va ese barquito / que cruza la mar serena /
unos dicen que Almería / otros que pa Cartagena”. A mi gusta ver más el mar
desde tierra. Será porque soy de secano, tanta agua me ofrece mucho respeto y
como al Piyayo, “imponente”. Ya se sabe, como en la tierra de uno, o por los ‘alreores’,
aunque haga calor, en casi ninguna parte.
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