Septiembre, 15 martes
La
tarde va de la mediación hacia arriba. Comienza a hacer calor. Un chavalillo
corretea, incansable, por la plaza detrás de una pelota. Estoy sentado en el
brocal de la fuente que cierra y separa la plaza de la Seo, de la del Pilar. A
lo mejor es solo una y a mí se me antojan como dos. Da igual. Las cosas son del
color del cristal con que se mira.
Me
siento en su borde. Busco el frescor del agua. Introduzco los brazos en la
fuente… De vez en cuando, bajan palomas, beben y emprenden el vuelo hacia los
tejados, hacia el cielo de una ciudad que encierra mucha historia. Zaragoza
tiene tanto que hay que saborearla una y dos y más veces… No se arrepentirán.
Eso sí, en invierno si sopla cierzo, imposible; en verano, tórrida. Ustedes
verán.
La
Seo es la sede del obispo. Tiene bajo sus muros muchos años – más exacto, siglos – de historia. Fue romana,
musulmana, románica. En siglo XII, en 1118, Alfonso I tras la conquista de
Zaragoza comienza las obras… Después, cada estilo dejó algo de su huella.
Algunos perduran; a otros, los devoró el paso del tiempo. Ley de vida. Del foro
romano, poco. De la primitiva mezquita, el minarete. Del gótico, renacimiento,
barroco, rococó… más. Está, también, más cercano.
La
dedican a San Salvador. Es enterramiento de personajes ilustres del Reino de
Aragón (uno de los dos pilares de lo que luego, será España). Si les digo que
tiene cinco naves, quizá, dentro de un rato, ni se acuerden. Sí se van a llevar
en ese poso que queda después de olvidar que estuvieron en un lugar excepcional,
y que, además, posee una colección de tapices, única.
Decidimos
entrar. Diego (mi nieto se llama Diego) Imita. Los niños imitan a los mayores.
Si un niño ve que a las personas con las que tienen más relación, por ejemplo,
no se le cae el móvil de la mano, pronto pedirán uno…
Él
quiere, también, un cacharro para seguir las instrucciones del audio guía. Verán
que no suelo poner fotos familiares. Aquí, lo vi casi en estado puro. Imita. Se
intuye que su mirada irradia complacencia, está a gusto… Su manilla sobre el
pecho parece que transmite, que escucha atento, pero que en cualquier momento
puede salir escopetado… Como así fue.
Recorrimos
el templo. El abuelo, prestó atención; él, a lo suyo… Puede que, cuando pase el
tiempo, quizá encuentre en un archivo olvidado el recuerdo de una tarde en la
Seo de Zaragoza y, entonces, como en los versos de Juan Ramón “mi espíritu
errará nostáljico…”
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