martes, 15 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Seo

 




Septiembre, 15 martes


La tarde va de la mediación hacia arriba. Comienza a hacer calor. Un chavalillo corretea, incansable, por la plaza detrás de una pelota. Estoy sentado en el brocal de la fuente que cierra y separa la plaza de la Seo, de la del Pilar. A lo mejor es solo una y a mí se me antojan como dos. Da igual. Las cosas son del color del cristal con que se mira.

Me siento en su borde. Busco el frescor del agua. Introduzco los brazos en la fuente… De vez en cuando, bajan palomas, beben y emprenden el vuelo hacia los tejados, hacia el cielo de una ciudad que encierra mucha historia. Zaragoza tiene tanto que hay que saborearla una y dos y más veces… No se arrepentirán. Eso sí, en invierno si sopla cierzo, imposible; en verano, tórrida. Ustedes verán.

La Seo es la sede del obispo. Tiene bajo sus muros muchos años –  más exacto, siglos – de historia. Fue romana, musulmana, románica. En siglo XII, en 1118, Alfonso I tras la conquista de Zaragoza comienza las obras… Después, cada estilo dejó algo de su huella. Algunos perduran; a otros, los devoró el paso del tiempo. Ley de vida. Del foro romano, poco. De la primitiva mezquita, el minarete. Del gótico, renacimiento, barroco, rococó… más. Está, también, más cercano.

La dedican a San Salvador. Es enterramiento de personajes ilustres del Reino de Aragón (uno de los dos pilares de lo que luego, será España). Si les digo que tiene cinco naves, quizá, dentro de un rato, ni se acuerden. Sí se van a llevar en ese poso que queda después de olvidar que estuvieron en un lugar excepcional, y que, además, posee una colección de tapices, única.

Decidimos entrar. Diego (mi nieto se llama Diego) Imita. Los niños imitan a los mayores. Si un niño ve que a las personas con las que tienen más relación, por ejemplo, no se le cae el móvil de la mano, pronto pedirán uno…

Él quiere, también, un cacharro para seguir las instrucciones del audio guía. Verán que no suelo poner fotos familiares. Aquí, lo vi casi en estado puro. Imita. Se intuye que su mirada irradia complacencia, está a gusto… Su manilla sobre el pecho parece que transmite, que escucha atento, pero que en cualquier momento puede salir escopetado… Como así fue.

Recorrimos el templo. El abuelo, prestó atención; él, a lo suyo… Puede que, cuando pase el tiempo, quizá encuentre en un archivo olvidado el recuerdo de una tarde en la Seo de Zaragoza y, entonces, como en los versos de Juan Ramón “mi espíritu errará nostáljico…”

 

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