jueves, 3 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Ciguecita

 




                                La Cieguecita. Juan Martínez Montañés. Catedral de Sevilla


Septiembre, 3 jueves

 

Don Antonio García era el cura de El Chorro. Don Antonio era natural de Dos Hermanas. Por motivos de salud vino al Seminario de Málaga y por su estado delicada lo destinaron, una vez ordenado, a la parroquia de El Chorro, entroncada con la de Álora.

A él lo conocí yo de niño. Era un hombre obeso, con una gracia natural que Dios le había dado y con una generosidad fuera de lo normal. De El Chorro lo trasladaron a Melilla y ya, al final de su vida, delicado de salud, volvió a su pueblo natal donde murió.

Don Antonio fue, siendo yo muchacho, el primer guía que tuve en Sevilla. Me enseñó la ciudad, parte de sus monumentos, su parque, los Reales Alcázares y por supuesto la catedral. Recuerdo como si nuestra conversación fuese de ayer mismo.

- Aquí todo lo que hay es magnificencia, pero quédate con estas tres: la Cieguecita y el Cristo de la sacristía de los Cálices que son de Juan Martínez Montañés.

Luego, me llevó a una tercera obra: Este cuadro, me dijo, de San Antonio es de Murillo. En una ocasión – el cuadro es de grandes dimensiones – robaron el Niño Jesús, pero recuperado fue incrustado en su lugar y no se nota nada.

Alguna de las veces que he vuelto a Sevilla, cuando he podido me ha acercado y ante las tres obras de arte, lo he recordado. Se lo conté a mis alumnos cuando íbamos de viaje de estudios o con amigos. Siempre se lo he agradecido y ahora aprovecho para exteriorizarlo.

La Cieguecita – por motivo de espacio hoy, no hablaré de las otras dos obras – está en el trascoro de la catedral, no lejos del mausoleo de Cristóbal Colón. Fue un encargo de Jerónima de Zamudio en recuerdo de su marido, Francisco Gutiérrez de Molina.

Martínez Montañés la realizó en madera de cedro entre 1628 y 1631. Le originó un pleito por incumplimiento de contrato. Elartista atravesada un momento de delicado de salud por la muerte de su hermana menor y la de sus discípulos Andrés de Ocampo y Juan de Mesa.

La imagen de la Inmaculada Concepción es una manifestación muy precoz de que Sevilla proclamó el Dogma más de doscientos años antes que Roma. Le costó un proceso de la Inquisición. La imagen, bellísima. Inclina la cabeza ligeramente hacia la derecha; las manos, a la izquierda. Le confiere un movimiento único. Sus ojos medio entornados miran al suelo. El pueblo la bautizó como “la cieguecita” y él “como una de las mejores cosas que haya en España y lo mejor que he hecho”.

 Si tienen la suerte, como yo tuve, en una ocasión, de escuchar las campanas de la Giralda muy temprano cuando ya el sol aparece sobre el horizonte, desde una de las habitaciones del hotel doña María, al otro lado de la calle…



 

 

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